Liev Schreiber es Marty Baron en Spotlight (Tom McCarthy, 2015, EE.UU.)

«Spotlight»: entre la dignidad del periodismo y el miedo a la verdad

Cartel de Spotlight (Tom McCarthy, 2015, EE.UU.)
Cartel de Spotlight (Tom McCarthy, 2015, EE.UU.)

Título original: Spotlight
Año: 2015
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: Tom McCarthy
Guion: Josh Singer & Tom McCarthy
Producción: Blye Pagon Faust, Steve Goblin, Nicole Rocklin & Michael Sugar
Fotografía: Masanobu Takayanagi
Montaje: Tom McArdle
Música: Howard Shore
Diseño de producción: Stephen H. Carter
Dirección artística: Mchaela Cheyne
Decorados: Shane Vieau
Vestuario: Wendy Chuck
Reparto: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schriber, John Slattery, Brian d’Arcy James, Stanley Tucci, Elena Wohl, Gene Amoroso, Doug Murray, Sharon McFarlane, Jamey Sheridan, Neal Huff, Billy Cudrup, Robert B. Kennedy, Duane Murray, Brian Chamberlain, Micahel Cyril Creighton, Paul Guilfoyle, Michael Countrman, Tim Whalen, Martin Roach, Brad Borbridge, Don Allison, Patty Ross, Paloma Nuñez, Robert Clarke, Gary Galonem, Daivd Fraser, Paulette Sinclair, Lauire Heineman, Elena Juatco, Nancy Villone, Wendy Merry, Siobhan Murphy, Eileen Padua, Darrin Baker, Brett Cramp, Joe Stapleton, Maureen Keiller, JImmy LeBlanc, Tim Progosh, Neion George, Laurie Murdoch, Zarrin Darnell-Martin, Krista Morin, Paula Barrett, Maitin O’Carrigan, Rob deLeew, Nancy E. Carroll, Anthony Paolucci, Michele Proude, Richard O’Rourke, Len Cariou, Dennis Lynch, Stefanie Drummond, Mark McGrinder, Richard Fitzpatrick, Tom Driscoll, Jeffrey Samai, Moira Driscoll, Forrest Weber, Doreen Spencer, Janet Pinnick, Shannon McDonough, Shannon Ruth, Jennifer Ruth, Timothy Mooney, Bruce-Robert Serafin, Donna Sue Jahier, Edward Brickley, Christopher Gallagher…

El peligro de muchas películas que obtienen una nominación a los premios Oscar es el de defraudar al espectador que espera una película de grandes dimensiones. Quizás no tanto para los que conozcan la trayectoria de Tom McCarthy —responsable de títulos como The visitor (2007, EE.UU.) o Win Win – Ganamos todos (Win Win, 2011, EE.UU.)—, pero sí es uno de los riesgos que corre una película como Spotlight para el gran público. Más que nada porque no estamos ante el relato de cómo la archidiócesis de Boston encubría sistemáticamente casos de pederastia cometidos durante décadas, sino de cómo y cuándo estos hechos salieron a la luz. Lo más escalofriante de Spotlight no son tanto los hechos que revela la investigación de un grupo de periodistas, sino el hecho de que demuestra la manipulación a la que estamos sometidos a diario, pasando desapercibida entre la sobredosis mediática. Lo más estremecedor de Spotlight no es tanto lo que cuenta, sino lo que se esconde detrás de lo que cuenta.

Esta misma mañana, antes de escribir estas líneas, me llegaban casi simultáneamente, tres avisos de la misma noticia, la que hacía referencia a la negativa de la Audiencia de Palma a aplicar la doctrina Botín a la Infanta Cristina. Un hecho relacionado con una actualidad inminente de la que cualquier medio de comunicación se debe hacer eco, pero que, seguro, si la leo en los tres medios encontraré sutiles diferencias. Porque una cosa es la verdad y otra muy diferente la interpretación de la misma. Pero cuando no se trata de un tema tan candente, la importancia de la noticia la marca el medio que la publica. En el caso que nos ocupa, exponer la pederastia encubierta por la Iglesia, sólo fue posible por la acción directa de un individuo, el editor jefe que llega al periódico. ¿No se conocían los hechos anteriormente? Sí, pero mientras unos no concebían hacer frente a una organización tan poderosa como la Iglesia, otros no consideraban que se tratara de una noticia de tal magnitud, creían que no había noticia.

Spotlight no sólo explora los mecanismos mediante los cuales llegamos a conocer la verdad, sino que nos alerta sobre la ética y moral de las personas que se dedican al periodismo, desde la pieza más pequeña hasta el propio editor jefe, responsable último de cada noticia, de cada reportaje que se publica. De esta manera, lo que McCarthy parece sugerir, porque no lo señala directamente, es que la responsabilidad de un determinado reportaje no es tanto del medio como del individuo que decide que una noticia debe salir a la luz o permanecer enterrada. Si por un lado la película dignifica una profesión como la del periodismo, tan maltratada por los medios de comunicación, puesto que si las televisiones funcionan más por audiencia que por responsabilidad y los digitales se ven sometidos al intrusismo de los propios usuarios, por el otro parece alumbrar sobre la oscuridad en la que vivimos.

No conocemos las noticias, la verdad, tan solo lo que la prensa quiere que conozcamos y de la manera que lo entiende. Si no es lo mismo conocer la misma noticia desde el punto de vista de la víctima o del verdugo, del de arriba o del de abajo, de la izquierda o de la derecha; después está la mirada, el prisma de quien nos transmite esa noticia. Porque no se trata sólo de los hechos, sino de transmitir la magnitud de lo que nos están contando. Si hay tantas verdades como personas, finalmente es responsabilidad del lector ceñirse a un sólo medio de comunicación o explorar, de la misma manera que hace un periodista, en distintos medios para buscar la verdad de cada noticia y salir de la oscuridad, por dura que sea la verdad

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