Quiero ser monja

¿Estamos preparados para «Quiero ser monja» o preferimos jamón? – Loco Mundo Gay en Universo Gay

A la hora de hablar de fetiches lésbicos, la monja ocupa un lugar privilegiado, por eso no puedo haberme hecho más fan del programa que Cuatro está a punto de estrenar: Quiero ser monja

Mientras en televisión Cuatro va creando expectación con el spot de Quiero ser monja, en su página web podemos escuchar a Mariano Blanco, director de producción de la cadena, Manuel Villanueva, director de contenidos de Mediaset, y Edi Walter, director general de Warner TV, del respeto con el que han preparado su nuevo docu-reality (imagino que el mismo con el que prepararon Adán y Eva, su anterior programa con alusión bíblica, empeñados también en casar a granjeros, princesas, hijos y madres). No se trata de un homenaje a Parálisis Permanente, ni del nuevo éxito de Putilatex, ni tampoco de que Almodóvar y McNamara se vuelvan a reunir para sacar otro disco. No os hagáis ilusiones. Se trata de algo todavía mucho más delirante como es un programa de televisión que, a lo largo de seis episodios (esa cifra que conduce al número de la bestia), sigue a cinco (¿por qué no seis?) jóvenes que han escuchado la llamada de Dios.


Lo que ellos tildan de un programa con «amplio grado de novedad», otros lo llamamos ciencia ficción mística, lo que ellos consideran va a proporcionar una «carga de provocación en positivo, muy buena», otros lo vemos como una incitación a la sexualidad pasiva de lo más sugerente. Me proclamo fan total y absoluto de Fernanda, quien asegura que «para saber si estaba loca o era verdad lo que estaba pasando, tuve que hablar con sacerdotes». Tampoco tiene desperdicio lo que afirma Jaqui cuando dice que «desde pequeña, más que con Dios, siempre me dirijo a Jesús». Pero la que con toda probabilidad está destinada a convertirse en mi favorita es Janet, quien nos abre la luz sobre lo que considera ser monja: «Creo que es una forma de ser feliz a contracorriente». No me cabe duda de que, junto con Paloma y Juleysi, nos van a proporcionar momentos cargados de espiritualidad «máxima», como diría Ylenia. Ya me estoy imaginando a algunas de mis amigas lesbianas salibando con la fascinante oportunidad de penetrar en el interior de las congregaciones de las Justinianas, del Santísimo Sacramento y de Santa María de Leuca, donde estas chicas tendrán la oportunidad de probar los diferentes aspectos de la vida en un convento.

Lo que yo me estoy preguntando es de quién están estás jóvenes más cerca, ¿de Dios o de María, aquella novicia enviada como niñera a casa de un ex militar, que acaba casándose con el padre de los niños que cuida para convertirse después en mito cinematográfico por obra y gracia de Julie Andrews en Sonrisas y lágrimas (The sound of music, Robert Wise, 1965, EE.UU.), o de Viridiana, que también colgaba los hábitos para fundar su propia casa de acogida en la película homónima de Luis Buñuel, o incluso de Catalina de Erauso, que escapa de un convento para ser posteriormente más conocida como la monja alférez? ¿Asistimos a la influencia televisiva de la multipremiada película polaca, Ida (Pawel Pawlikowski, 2013, Polonia, Dinamarca, Francia & Reino Unido)? ¿O estamos ante un renacimiento del espíritu de la novela de Denis Diderot, La religiosa, publicada en 1760 y que tan afortunadamente han llevado a la gran pantalla cineastas como Jaques Rivette o Guillaume Nicloux y que también tuviera sus versiones semipornográficas? ¿Cuántas veces han visto estas chicas Sister act: una monja de cuidad (Emile Ardolino, 1992, EE.UU.)? ¿O prefieren Entre tinieblas (Pedro Almodóvar, 1983, España) que para eso es la película que Joseph Howard plagió para hacer la otra?

No estoy seguro de que Quiero ser monja vaya a abrir muchos debates, pero lo que está claro es que va a dejar volar la imaginación de mentes tan calenturientas como la mía. Si el otro día la OMS cuestionaba que las películas en las que sale gente fumando estuvieran al alcance de los menores de edad, ¿no debería ser emitido este programa única y exclusivamente en horario para adultos, incluso en cadenas para adultos? Es más, yo creo que la Sociedad Española de Psiquiatría y el Colegio Oficial de Psicólogos deberían estar pendientes de esta gente que dice que oye voces o habla con Jesús, que ya ni con Dios. Luego nos extraña que M. Night Shyamalan (o Alejandro Amenábar que no sé cuál de los dos es peor) se monte otra de sus insufribles películas a costa de personajes de este tipo… y sin que la SGAE vaya después a pedir explicaciones. Esto pasa por culpa de monjas que triunfan en la canción en un talent show de Italia o de que Buenafuente invite a sor Lucía Caram a su programa. ¡Ave María purísima! No estoy muy seguro de que estemos preparados para esto, no, pero sólo porque yo soy más de pecar que de rezar.

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