El niño y el mundo

«El niño y el mundo»: de la armonía con la naturaleza a la alienación urbana

Cartel de El niño y el mundo
Cartel de El niño y el mundo

Título original: O menino e o mundo
Año: 2013
País: Brasil

Dirección: Alê Abreu
Guion: Alê Abreu
Producción: Fernando Carcalho & Tita Tessler
Montaje: Alê Abreu
Música: Ruben Feffer & Gustavo Kurlat
Reparto: Vinicius Garcia, Felipe Zilse, Alê Abreu, Lu Horta, Marco Aurélio Campos…

No me extraña que una película como El niño y el mundo haya sido capaz de poner de acuerdo a público y jurado, consiguiendo tanto el premio del público, como el de mejor película que otorgaba el jurado de Annecy. La película de Alê Abreu es la celebración de la música y el color, de la luz y la vida. No hacen falta diálogos, porque estamos ante un relato universal, el del aprendizaje y el ciclo de la vida, pero no sólo en lo que al conocimiento se refiere, sino haciendo más hincapié en las emociones personales y la relación del individuo con su entorno.

Abreu nos embarca en el periplo de un niño en busca de su padre, que tuvo que abandonar su hogar en un idílico entorno rural, para trabajar en la ciudad. En ese viaje, tan parecido en cierta manera a aquel que proponía Edmundo de Amicis en Corazón (1886), cuya inspiración podría proceder más de la adaptación a la televisión, Marco, de los Apeninos a los Andes (Haha wo Tazunete Sanzenri, 1975, Japón), pero sin la sobredosis emocional de la serie dirigida por Isao Takahata. En su lugar, lo que podemos encontrar es la evidencia de la alienación del individuo, abrumado por el movimiento y la multiplicación de colores de la ciudad, contradictoriamente causantes del ruido, la violencia y la confusión, en oposición la ternura y la armonía con la naturaleza del entorno familiar inicial del niño. Tal y como se presenta, quizás el problema no sea la industrialización, sino la pérdida del contacto con la naturaleza, destruyendo la armonía con el entorno y abocando al individuo a un estado hipnótico fomentado por el aislamiento.

Más que una película familiar, una obra que se puede disfrutar de la misma manera si eres niño o adulto. O quizás mejor de distinta manera, porque unos disfrutarán con la aventura y otros con su trasfondo. Para unos una tierna aventura, para otros un cruel retrato de nosotros mismos. Siendo una película Latinoamericana, podría haber tenido la influencia del poderoso (y alienado) cine de animación estadounidense, pero muy al contrario, podremos encontrar maravillosos vínculos con cineastas europeos como Sylvain Chimet o Michel Ocelot. Casi me atrevo a decir que este año la categoría de animación tiene el listón mucho más alto que el cine de imagen real.

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