La habitación (Room, Lenny Abrahamson, 2015, Irlanda & Canadá)

«La habitación»: la fuerza no está sólo en cada uno, sino también en el otro

Cartel de La habitación
Cartel de La habitación

Titulo original: Room
Año: 2015
País: Canadá & Reno Unido

Dirección: Lenny Abrahamson
Guion: Emma Donoghue, basado en su propia novela
Producción: David Gross & Ed Guiney
Fotografía: Danny Cohen
Montaje: Nathan Nugent
Música: Stephen Rennicks
Diseño de producción: Ethan Tobman
Dirección artística: Michelle Lannon
Decorados: Mary Kirkland
Vestuario: Lea Armour
Reparto: Brie Larson, Jacob Tremblay, Sean Bridgers, Wendy Crewson, Sandy McMaster, Matt Gordon, Amanda Brugel, Joe Pingue, Joan Allen, Zarrin Darnell-Martin, Cas Anvar, William H. Macy, Lee Jee-Yun, Randal Edwards, Justin Mader, Ola Sturik, Rodrigo Fernandez-Stoll, Rory O’Shea, Tom McCamus, Jack Fulton…

La promoción de una película juega muchas veces en su contra. No se trata sólo de que conozcas el planteamiento inicial de un relato, es que en ocasiones, un tráiler o una sinopsis, por breves que sean, son capaces de traicionar la película entera. Tuve la suerte de ver La habitación sin haber leído nada de lo que se había escrito sobre ella, y quizás por eso el impacto fue extraordinariamente mayor. A partir de una novela de ficción de Emma Donghue, adaptado por ella misma a la pantalla, Lenny Abrahamson desarrolla un relato turbador, escalofriante y desgarrador que te arrastra hasta límites emocionales que te habían pasado tan desapercibidos como la habitación que da título a la película. Lo más terrible de La habitación no es el relato que cuenta ni la manera en la que lo hace, sino que a pesar de que no está basado en hechos reales, lo asumes como tal. No hay un sólo segundo de la película en que pongas en duda ni una sola de las situaciones que se plantean. Porque asumes que algo como esto debe haber sucedido o debe estar pasando en algún rincón de nuestra podrida sociedad.

Los autores de la película podrían haber enfocado el relato desde un punto de vista más sensacionalista, centrándose en el doloroso periplo de la protagonista, sin embargo, lo que les importa no es la ruptura y sus consecuencias, sino la reconciliación y sus dificultades. Que un tipo de sucesos de estas características sea resuelto y que incluso se llegue a condenar a la persona que tanto dolor ha causado, puede suponer el final de una noticia, permitiéndonos cambiar de canal de la televisión o pasar la página del periódico, pero marca el inicio de un nuevo episodio en la vida de quienes han pasado por tal trance. Da comienzo un nuevo calvario: el de la recuperación emocional, la reconciliación consigo mismos y con aquellos que tuvieron la suerte de no pasar por la misma situación y la reconstrucción de una vida completamente rota y destruida. Un proceso incluso más doloroso que la experiencia anterior porque te enfrentas a tus propios fantasmas, a tus familiares, a tus amigos, a tus seres queridos. Antes alguien eligió por ti y te sacó de tu vida, ahora eres tú quien tiene que tomar las riendas y escoger el camino que quieres seguir.

Lenny Abrahamson cuenta con dos valores fundamentales para contar su relato con un asombroso contraste entre fuerza y ternura, crueldad y sensibilidad, como son las aportaciones de Brie Larson y Jacob Tremblay. Una pareja ciertamente apropiada para el relato, puesto que no sólo han compartido experiencia fílmica, sino también vital, aunque no juntos, sino por separado. Igual que Tremblay ha empezado bien joven a desarrollar sus extraordinarias habilidades en una disciplina tan caprichosa como el arte dramático, fuera Larson actriz infantil desde los 9 años de edad. Quizás por eso resulte tan conmovedora la complicidad entre madre e hijo en la película, porque, efectivamente, también en la vida real ella se adelantó por un camino por el que con toda seguridad seguirá él, de la misma manera que no tiene interés si les premian o no, si les nominan siquiera a un Oscar o no, sino lo que cada uno de ellos consiga lograr con el prometedor camino que tienen por delante. Un paralelismo que vuelve a llevarnos a La habitación, donde lo importante no es lo que les ha llevado al lugar en el que se encuentran, sino lo que sucede después, siendo fundamental lo que cada uno de ellos aporta al otro en ese nuevo camino que inician. De la misma manera que un principio es la madre la que construye un mundo a la medida del espacio en el que viven, es el hijo quien contiene los muros emocionales que corren el riesgo de derrumbarse después. En La habitación la fuerza no está en el individuo, sino en su capacidad de apoyarse en el otro en los momentos de debilidad. El vínculo que une a esta madre y su hijo no es sólo la traumática experiencia por la que han pasado, sino el valor y la fuerza con la que construye y moldea la madre al hijo,  que este le proporciona de vuelta cuando más lo necesita ella. Es posible que la madre haya dado a luz a su hijo, pero es el hijo quien mantiene en todo momento a su madre atada a la vida.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s