Saoirse Ronan es Eilis en Brooklin

«Brooklyn»: no es donde naces, sino donde paces

Cartel de Brooklyn
Cartel de Brooklyn

Año: 2015
País: Irlanda, Reino Unido & Canadá

Dirección: John Crowley
Guion: Nick Horby, basado en la novela homónima de Colm Tóibín
Producción: Finola Dwyer & Amanda Posey
Fotografía: Yves Bélanger
Montaje: Jake Roberts
Música: Miachel Brook
Diseño de producción: François Séguin
Dirección artística: Irene O’Brien & Robert Parle
Decorados: Suzanne Cloutier, Jenny Oman & Louise Tremblay
Vestuario: Odile Dick-Mereaux
Reparto: Saoirse Ronan, Hugh Gormley, Brid Brennan, Jim Broadbent, Maeve McGrath, Emma Lowe, Barbara Drennan, Gillian McCarthy, Fiona Glascott, Jane Brennan, Eileen O’Higgins, Peter Campion, Eva Brithistle, James Corscadden, Julie Walters, Emily Bett Richards, Eve Macklin, Nora-Jane Noone, Mary O’Driscoll, Samantha Munro, Jane Wheeler, Jessica Paré, Adrien Benn, Alain Goulem, Max Walker, Iarla O’Lionaird, Jenn Murray, Ellis Rockburn, Emory Cohen, Erika Rosenbaum, Ellen David, Christian de la Cortina, Paulino Nunes, James DiGiacomo, Michael Zegen, Tadhg MCMahon, Hudson Leblanc, Paul Steweart, Domhall Gleeson, Niamh McCann, Denis Conway, Karen Ardiff, Gary Lydon, Aine Ni Mhuiri, Mella Caron…

No podría haber estado más acertado Mark Gungor cuando hablaba de las diferencias entre los hemisferios masculino y femenino del cerebro, al afirmar que el masculino está hecho con cajas que lo tienen todo perfectamente etiquetado, mientras que el femenino está emocionalmente conectado por una gran madeja de cables. Según esta teoría, el cerebro ideal , ya sea hombre o mujer, es el que consigue la armonía entre estos dos aspectos, el que consigue mantener el orden de las cajas y conectando emocionalmente cada una de ellas, sólo así puedes encontrar el perfecto equilibrio entre tu lado masculino y el femenino. En este sentido, como película, Brooklyn alcanza esa perfección puesto que consigue desarrollar un relato tan sencillo como su protagonista, pero tan complicado como la vida.

No es un lugar, es lo que tú llevas a ese sitio. No es una cultura distinta a la tuya, es lo que tú puedes aportar a esa sociedad. No es cuestión de raza o género, es una cuestión totalmente personal. No es Brooklyn, es Eilis. Es posible que Colm Tóibín, autor de la novela, Nick Hornby, guionista que la adapta para la pantalla, y John Crowley, responsable de convertirla en imágenes, aporten la fuerza en la que se sostiene el relato, pero son Finola Dwyer y Amanda Posey, productoras de la película, y sobre todo la sutilidad y el detalle de la interpretación de Saoirse Ronan y todas y cada una de las actrices que completan el reparto, quienes te abruman y arrastran con un amplio abanico de emociones que te conmueven para llevarte al mismo lugar especial al que aspira a llegar Eilis.

Brooklyn no es sólo el retrato de una mujer que busca el amor y una vida mejor, es también el de una persona que quiere salir adelante por sí misma. Resulta maravilloso descubrir que el amplio abanico de perfiles femeninos que se muestran a lo largo de un relato en el que la mujer es la indiscutible protagonista, porque no es sólo Eilis, sino todas y cada una de las mujeres que aparecen en la película, ya sean malas o buenas,  vagas o trabajadoras, alborotadas o recatadas. Es posible que a algunos les recuerde retratos recientes similares, como An education (Lone Schefig, 2009, EE.UU. & Reino Unido) o Alma salvaje (WildJean-Marc Vallé, 2014, EE.UU.), y no irán desencaminados porque todas estos relatos tienen a su guionista en común con Brooklyn, piedra angular de la película junto con la sensible y delicada interpretación de Ronan.

Brooklyn no es sólo un relato sobre inmigración consentida, la de aquellos que abandonan su lugar de origen porque lo eligen, más o menos voluntariamente, ya sea porque su lugar de origen no les ofrece el futuro que esperan o porque buscan algo sencillamente diferente, porque también refleja el dolor que invade al que parte, al que se marcha, aunque esté siguiendo el deseo de su voluntad. Lo que Brooklyn quiere venir a decir es que tanto en lo personal como en lo social, cada decisión que tomamos es importante y vital, porque no sólo te afecta a ti, de manera individual, sino a todos y cada una de las personas que te rodean, ya sean amigos o parejas, vecinos o familiares, a la sociedad entera, a todas y cada una de las personas que nos rodean. Porque sólo entre todos, se puede llenar un espacio que antes estaba vacío, se puede hacer un hogar de lo que antes era un mundo desconocido.

 

 

 

 

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