Angelina Jolie en Frente al mar

«Frente al mar» o la condescendencia como forma de vida

Cartel de Frente al mar
Cartel de Frente al mar

Título original: By the sea
Año: 2015
País: EE.UU. & Francia

Dirección: Angelina Jolie
Guion: Angelina Jolie
Producción: Brad Pitt & angelina Jolie
Fotografía: Christian Berger
Montaje: Martin Pensa & Patricia Rommel
Música: Gabriel Yared
Diseño de producción: Jon Hutman
Dirección artística: Tom Brown & Charlo Dalli
Decorados: Jille Azis
Vestuario: Ellen Mirojnick
Reparto: Brad Pitt, Angelina Jolie, Mélanie Laurent, Melvil Poupaud, Niels Arestrup, Richard Bohringer, Marika Green, Sarah Naudi, Aldo Buotempo, Philippe Martinet, Francis Xuereb, Malcolm Beethans, Kathleen Beethans, Bjorn Kubin, Penny Dix, George Camilleri, Arcadia Vodka, Indi Marceau Coppola…

Hace unos años conocí de primera mano el efecto de los trolls cunado celebré que Sylvester Stallone había manifestado su intención de abandonar su trabajo delante de las cámaras, para centrarse en su faceta como director, detrás de las cámaras. No cumplió su promesa y este año hasta casi le dan un Oscar. Esa misma amenaza se repite ahora con Angelina Jolie, que ha anunciado que esta sería la última vez que la viéramos esforzándose en parecer una actriz, para centrarse en su carrera como directora. No sé si podrá cumplir su palabra, pero  casi habría preferido que renunciara a antes a su faceta como cineasta. Porque más que Frente al mar, pareciera que el matrimonio formado por Pitt y Jolie hicera, directamente, aguas, al menos artísticamente hablando.

La falta de personalidad de la obra aflora desde el momento en que su protagonista, que es a su vez su productora, guionista y directora, firma añadiendo el apellido de su recién estrenado esposo, legalmente hablando, en lo que tira por los suelos la reivindicación de la mujer. Al menos de aquella que no necesita un hombre, ni su apellido, para sacar a adelante sus proyectos artísticos. ¿Es posible que se deba a la influencia del matrimonio Bowles? Ciertamente Jane Bowles fue tan buena escritora como Paul Bowles, aunque su obra fuera mucho menos extensa, pero nunca llegó a publicar nada como Jane Auer, además de que aquellos eran otros tiempos. El espíritu de los Bowles acompaña a los Pitt en su terapia de choque, pero les sobra tanto como les falta para alcanzar un ápice de su personalidad.

De entrada cuesta identificar la época en la que transcurre la historia, así como el motivo que les trae a ese rincón de Francia, lo que buscan o aquello de lo que huyen. Sólo una cosa está clara y es que Vanessa sufre. Nos enfrentamos a una mujer atormentada que ha adoptado la condescendencia como forma de vida, su actitud sofisticada (en su acepción más negativa) contrasta con el trauma mal entendido y el boquete de la pared que une su habitación con al de la pareja de recién casados debe ser inversamente proporcional al prolapso que le impide reanudar su propia vida matrimonial. Los devaneos de su marido por la pintoresca localidad costera, tratando de robar la inspiración entre las mucho más interesantes personalidades de los lugareños, tampoco contribuye a proporcionar a este relato de un mínim atractivo, de la más leve consistencia. Casi lo más divertido de la película es imaginar a los miembros del reparto riéndose de la pareja de «artistas» que, igual que los personajes que interpretan, se autodestruyen en una espiral sin fuga, sin carisma, sin capacidad de seducción ni de impresión ni de otra cosa que no sea el desagradable impulso de empujar a la protagonista a ese mar frente al que se sienta cada día.

 

 

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