Las hermanas vírgenes de Mustang

«Mustang»: inocencia interrumpida por tradición cultural

Cartel de Mustang
Cartel de Mustang

Título original: Mustang
Año: 2015
País: Francia, Qatar, Alemania & Turquía

Dirección: Deniz Gamze Ergüven
Guion: Deniz Gamze Ergüven & Alice Winocour
Producción: Charles Gillibert
Fotografía: David Chizallet & Ersin Gok
Montaje: Mathilde Van de Moortel
Música: Warren Ellis
Diseño de producción: Turker Isci
Dirección artística: Serdar Yemisci
Vestuario: Selin Sozen
Reparto: Günes Sensoy, Doga Zeynep Doguslu, Tugba Sunguroglu, Elit Iscan, Ylayda Akdogan, Nihal G. Koldas, Ayberk Pakcan, Bahar Kerimoglu, Burak Yigit, erol Afsin, Suzanne Marrot, Serife Kara, Aynur Komecoglu, Sevval Aydin, Enes Sürüm, Aziz Komecoglu, Serpil Reis, Rukiye Sariahmet, Kadir Celebi, Müzeyyen Celebi, Tuncer Kumcular, Aykut Karatay, Ercan Köksal, Serpil Ucar, Hüseyin Baysal, Utku Zeka…

La ópera prima de Deniz Gamze Ergüven  te atrapa desde su primera secuencia. Te captura, que no te cautiva exactamente, porque lo que comienza siendo una secuencia inocente y un encuentra sin importancia con compañeros de clase en una playa, se convierte de repente en un auténtico relato de terror. Una historia desgarradora que nos presenta una realidad insoportable, demostrando que el sexo débil no es la mujer, que soporta un maltrato continuo desde la adolescencia, sino el hombre cobarde que trafica sin pudor con las personas.

No hay agradecimientos en la película para Sofia Coppola ni a Jeffrey Eugenides, pero queda claro que el espíritu de aquellas vírgenes suicidas planea y campa a sus anchas entre estas hermanas turcas, atrapadas en un hogar convertido en cárcel de la que no consiguen escapar. La principal diferencia es que aquí no estamos en un tiempo pasado, sino en un duro presente, así como no se pone en duda la actitud de quienes representan la autoridad, amparados por una legalidad desgarradora que incluso tolera el «homicidio involuntario».

Sin abandonar nunca el tono terrorífico, la directora demuestra su habilidad para alternar momentos tiernos y cómicos a través de un drama insoportable, incomprensible para un país que aspira a convertirse en miembro de la Comunidad Económica Europea. Algo que con toda seguridad conseguirá, porque los principales requisitos son siempre económicos y pocas veces se tiene en cuenta el componente humano o cultural. En España, sin ir más lejos, los grupos taurinos y aquellos que disfrutan del maltrato animal defienden sus brutales actividades amparándose en la misma tradición cultural que los turcos para fabricar esposas a costa de niñas adolescentes. Porque en Turquía la tradición no se vuelve contra los animales, sino contra las propias personas, las mujeres, las niñas, que son la que siempre tienen más que perder.

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