Vivek Gomber y Geetanjali Kulkarni en Tribunal

«Tribunal»: la luz y el color dentro de la oscuridad, el equilibrio dentro del caos

Cartel de Tribunal
Cartel de Tribunal

Título original: Court
Año: 2014
País: India

Dirección: Chaitanya Tamhane
Guion: Chaitanya Tamhane
Producción: Vivek Gomber
Fotografía: Mrinal Desai
Montaje: Rikhav Desai
Música: Sambhaji Bhagat
Diseño de producción: Sommath Pal & Pooja Talreja
Dirección artística: Nilesh Wagh
Vestuario: Sachim Lovalekar
Reparto: Usha Bane, Vivek Gomber, Pradeep Joshi, Geetanjali Kulkarni, Shirish Pawar, Vira Sathidar…

Cuando se habla del cine de la india, la mayoría del público tiende a pensar en esas épicas películas románticas cargadas de luces y colores, repletas de música y bailes y desbordadas por un sentimiento que las empuja más al melodrama que a mostrar la cultura hindi. Pero pocas son realmente las películas de estas características que trascienden verdaderamente las pantallas nacionales, o las de los cines de los ghettos hindis del Reino Unido. El cine que verdaderamente trasciende, en la India y en cualquier parte del mundo, es el que constituye verdaderamente un reflejo de la vida y la cultura de los que nace. En Tribunal escucharemos música, pero sus canciones no buscan la evasión, sino la reivindicación. También encontraremos bailes y alguna representación llena de luz y color, pero sólo pare reflejar la hipnosis a la que está sometido el ciudadano de a pie.

Podríamos decir que el protagonista de Tribunal ha encontrado en el activismo el equilibrio perfecto para deambular dentro del caos, siendo su misión la de llevar la luz y el color a la oscuridad de quienes se someten, o se dejan someter, porque nunca se han atrevido a hacerse preguntas, mucho menos a buscar respuestas. A sus 65 años, Sharmila Pawar (Usha Bane) no pretende convencer a nadie, tan sólo espera que le dejen cantar sus canciones reivindicativas, pero lo que seguro no espera es que sólo por cantar delante de quien le quiera escuchar, puedan acusarle de alentar al suicidio de nadie, cuando sus canciones apelan al individuo a despertar. El mismo sentimiento al que apelan los autores de la película, todos ellos activistas a partes iguales porque su guionista es también su director y su protagonista es también su productor.

Qué ilusos aquellos que piensan que asisten a la exposición de un sistema judicial obsoleto y arcaico, capaz de enredar al individuo en estrategias kafkianas, pensando que en Occidente estamos a años luz de vivir situaciones de este tipo, porque se equivocan. Vivimos en un mundo en el que un par de titiriteros son encarcelados porque denuncian la corrupción del sistema, en el que una juez hostiga a una víctima de violación al preguntarle si está segura de que cerró bien las piernas para evitar la agresión, en el que los que tienen cuentas en paraísos fiscales esperan en la calle a que llegue su juicio mientras que meten en la cárcel a un padre o madre de familia que había cometido un delito cuando todavía eran adolescentes, donde dos mujeres no pueden viajar solas (sin un hombre) por el mundo, los políticos mienten más que hablan y los medios de comunicación comentan las noticias en función del nivel de audiencia que suscitan. Vivimos en la oscuridad y encima no sabemos ni cantar ni bailar.

 

 

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