Emma Artenton y Fabrice Luchini en Gemma Bovery

«Primavera en Normandía»: cuando la vida se empeña en imitar al arte

Cartel de Primavera en Normandía
Cartel de Primavera en Normandía

Título original: Gemma Bovery
Año: 2014
País: Francia & Reino Unido

Dirección: Anne Fontaine
Guion: Pascal Bonitzer & Anne Fontaine, basado en una novela gráfica de Posy Simmonds
Producción: Philippe Carcassone & Matthieu Tarot
Fotografía: Christophe Beaucarne
Montaje: Annette Dutertre
Música: Bruno Coulais
Diseño de producción: Arnaud de Moleron
Vestuario: Pascale Chavanne
Reparto: Fabrice Luchini, Gemma Arterton, Jason Flemyng, Isabelle Candelier, Niels Schneider, Mel Raido, Elsa Zylberstain, Pip Torrens, Kacey Mottet Klein, Edith Scob, Philippe Uchan, Pascale Arbillot, Marie-Bénédicte Roy, Christian Sinniger, Pierre Alloggia, Patrice Le Mehauté, Garpard Beaucarne, Marianne Viville…

No hace falta conocer la novela gráfica de Posy Simmonds para disfrutar de Primavera en Normandía —un servidor, desde luego, no la conocía, pero podrás sacarle mucho más partido si al menos conoces la cautivadora obra de Gustave Flauvert que ha servido de inspiración para Simmonds y Anne Fontaine, aunque sólo sea para disfrutar de los lugares comunes con Madame Bovary (Madame Bovary, 1856). Si a esto añadimos la simpatía entrañable de Fabrice Luchini y la fresca sensualidad de Gemma Arterton, completaremos y comprenderemos las claves de una ecuación artística, más que aritmética, que sin llegar a ser extraordinaria, consigue enternecer con una historia tan sencilla como universal.

«La vida imitando el arte» dicen en un momento en la película, y el arte rompiendo tópicos y convenciones. Tan universal es el relato de Flaubert que la vida está repleta de Emmas y Gemmas, personas (que no sólo mujeres) con una visión romántica de la vida que terminan ahogadas en sus propias cárceles creadas por una idea que siempre se muestra más accesible en la ficción que en la realidad, lo que no quiere decir que no suceda igualmente. Lo mismo le sucede a Martin Joubert, convencido de que iba a encontrar la tranquilidad abandonando el frenético ritmo de la gran ciudad, para encontrarse de narices con el tedio y el aburrimiento de la vida rural. Si Gemma encuentra su válvula de escape en los placeres de la carne, Martin los encuentra intercediendo en esa realidad que tanto se parece a los dramas románticos y melodramas literarios que tanto le gustan.

Es posible que la resolución del relato se torne y torpe y un tanto precipitada, pero no consigue empañar el amable tono general de la película y esa bucólica sensación que consigue transmitir una directora poderosamente sensorial que, con la misma liviandad que se relacionan sus personajes, consigue transmitir también el olor del pan y del campo, el calor del estado de ánimo de los personajes y hasta la turbación de su corazón.

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