El infierno verde (The green inferno, Eli Roth, 2013, Canadá, Chile & EE.UU.)

«El infierno verde»: el cine gore no necesita la nostalgia de Eli Roth

Cartel de el infierno verde
Cartel de el infierno verde

Título original: The green inferno
Año: 2013
País: Canadá, Chile & EE.UU.

Dirección: Eli Roth
Guion: Guillermo Amoedo & Eli Roth
Producción: Molly Conners, Nicolás López, Eli Roth & Christopher Woodrow
Fotografía: Antonio Quercia
Montaje: Ernesto Díaz Espinoza
Música: Manuel Riveiro
Diseño de producción: Marichi Palacios
Dirección artística: Fernando Alé & Nicholas Tong
Decorados: Armann Ortega
Vestuario: Elisa Hormazábal & Kama K. Royz
Reparto: Lorenza Izzo, Ariel Levy, Daryl Sabara, Kirby Bliss Blanton, Magda Apanowicz, Sky Ferreira, Nicolás Martínez, Aaron Burns, Ignacia Allamand, Ramón Llao, Richard Burgi, Matías López, Antonieta Pari, Tatiana Panaifo, Percy Chumbe, Clara Vázquez, Eusebio Arenas, Sally Rose, Paul Norris, John Mark Allan, Mary Dunworth, Cody Pittman, Carolina Chacón, Eric Kleinsteuber, Marco Frías, Bruno Pakomio, Eufemia Teao, Maria Tepihe, Karen Ofanama, Nelson Castillo, Paz Bascuñán…

Eli Roth es un cineasta que llega tarde. Si hubiera nacido treinta años antes, habiéndole permitido desarrollar su trayectoria en los años setenta y ochenta, quizás estaríamos hablando de un cineasta de culto. Aunque también habría corrido el peligro de quedarse sin inspiración, porque, seamos sinceros, sus propuestas no tienen ningún interés, más allá de la nostalgia por el cine gore y excesivo de aquellos años. No hace falta buscar información sobre El infierno verde para saber que su fuente de inspiración es el Holocausto caníbal (Cannibal holocaust, 1980, Italia) de Ruggero Deodato. Puede parecer hasta graciosa la alusión en su título a la película italiana, mismo que fueran a utilizar hasta que lo cambiaron por uno más explícito y sensacionalista. Pero basta comprobar que a la tribu a la que vemos en la película —que según ellos no había visto una película en su vida—, les pareció que Holocausto caníbal era una comedia, para darnos cuenta de la propia desactualización de Roth para culminar con éxito su propio relato, partiendo de una premisa similar.

En el camino a su infierno caníbal, Roth pierde muchas cosas. Pierde la oportunidad de hacer tanto una crítica real sobre las organizaciones humanitarias que se van a arreglar los problemas del mundo teniendo la casa sin barrer, o sobre las contradicciones del comportamiento humano, siempre un caníbal emocional de sus propios intereses. Roth incluso llega a enredarse en su discurso, no sabiendo si lo que pretende es alabar a los activistas que arriesgan sus vidas por los demás, o si está compartiendo con nosotros sus deseos más soterrados sobre unos individuos que le importan tanto como una tribu del amazonas: nada. Y es precisamente esta imposibilidad de disimular que no le interesa ni la ecología ni la antropología, en un relato en el que constituyen sus dos piezas angulares. Así es como su relato se va diluyendo poco a poco, confinando su película a ese grupo de obras que, teniendo sus momentos de interés inicialmente, pero que no consigue convencer ni enganchar finalmente. El infierno verde se convierte en un título prescindible más, justificable por algún momento curioso que pudiera tener, como los suculentos momentos culinarios, pero poco más porque hasta a la hora de resultar desagradable es bastante parco el cine de Eli Roth.

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