THE JUNGLE BOOK

«El libro de la selva»: cine transexual y cambiar plátanos por papayas

Cartel de El libro de la selva
Cartel de El libro de la selva

Título original: The jungle book
Año: 2016
País: EE.UU.

Dirección: Jon Favreau
Guion: Justin Marks, basado en la novela de Rudyard Kipling
Producción: Jon Favreau & Brigham Taylor
Fotografía: Bill Pope
Montaje: Mark Livolsi
Música: John Debney
Diseño de producción: Christopher Glass
Dirección artística: Ravi Bansal, John Lord Booth III, Andrew L. Jones & Mike Stassi
Decorados: Amanda Moss Serino
Vestuario: Laura Jean Shannon
Reparto: Neel Sethi, Bill Murray, Ben Kingsley, Idris Elba, Lupita Nyong’o, Scarlett Johansson, Giancarlo Esposito, Christopher Walken, Garry Shandling, Brighton Rose…

Es posible que la versión de animación de El libro de la selva (Wolfgang Reitherman, EE.UU.) que Walt Disney estrena en 1967 sea una de las más populares, no ya sólo de las versiones de la misma novela sino de las películas de animación de Disney. Ciertamente entrañable y perfectamente válida en la actualidad, pero también es posible que su reestreno en las salas de cine no llegar aa generar la misma expectación que esta nueva versión firmada por el inefable Jon Favreau.

No es la primera vez que se aborda una aproximación en imagen real a la popular compilación de relatos de Rudyard Kipling, ya lo hiciera Zoltan Korda mucho antes que Disney, como posteriormente volvería a hacer Stephen Sommers. Por eso varias son las contradicciones de esta versión del que fuera responsable de un título tan popular como Iron man (2008, EE.UU.), como también de una propuesta tan peregrina como Cowboys & aliens (2011, EE.UU.). Independientemente de si el relato es más o menos fiel tanto a su fuente literaria como a su precedente de animación, El libro de la selva plantea dos debates: uno referente al uso del CGI y el otro con respecto a la prosopopeya.

Desconozco si fue Favreau quien le vendió a Disney que quería hacer una película de imagen real sobre el periplo de Mowgli o fue al revés, pero lo cierto es que la única imagen real que se ve en la película es la del joven actor neoyorquino de origen hindi, Neel Sethi, todo lo demás, personajes, decorados y espacios naturales, están recreados en CGI. ¿Luego no sería mejor seguir hablando de una película de animación en lugar de acción real? Cierto que ya no hay película made in Hollywood que no se sostenga hoy en día sin las aportaciones del CGI y es posible que la respuesta no sea más que una estrategia comercial porque los prejuicios de algunos sectores del público siguen identificando cine de animación con público infantil y el de imagen real con un espectro más amplio de espectadores. Quizás deberíamos estar hablado de cine transexual, es decir, de una película que nace con un sexo determinado, pero se siente de otro, como prefiere que nos refiramos a ella.

Después está la prosopopeya, esa licencia que te permite humanizar personajes no humanos. Pero un cosa es la personificación y otra muy distinta hacer que se relacionen entre sí y con los humanos como si fueran de la misma especie, como si hablaran la misma lengua. El problema no es tanto que los animales hablen con Mowgli, sino la manera en la que esto se resuelve en la película. Y decir que lo resuelven de una manera ridícula es quedarme corto. La artificialidad del CGI sumado a la del uso de la prosopopeya hacen que sea un poco complicado entrar en el relato, lo que se complica cuando, de repente, Mowgli se convierte en McGyver. Y digo yo, ¿no podrían simplemente haber encargado este proyecto a Jean-Jacques Annaud? Porque me da la impresión de que podría haber resuelto tanto la prosopopeya como integrar humanos y animales en el mismo encuadre.

Si a este desbarajuste sumamos momentos ciertamente patéticos, como la secuencia del río y la del orangután, ambas con la integración de un par de canciones de George Burns de la versión de animación anterior y le restamos la total y absoluta falta de riesgo por parte de Favreu para aportar algo nuevo, más allá de la flor roja y alguna secuencia de acción, nos damos cuenta de que no estamos ante un intento de transmitir los relatos de Kipling de una nueva manera a una nueva generación, sino de un producto vulgarmente comercial que alude a la nostalgia y una fórmula de rentabilidad demostrada… lo que no quiere decir que cincuenta años después siga funcionando, mucho menos de la manera en la que está resuelta, por mucho que cambien plátanos por papayas. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s