Emmanuelle Bercot y Vincent Cassel en Mi amor

«Mi amor»: no sólo es lo que das, también cuenta lo que recibes

Cartel de Mi amor
Cartel de Mi amor

Título original: Mon roi
Año: 2015
País: Francia

Dirección: Maïwenn
Guion: Maïwenn & Etienne Comar
Producción: Alain Attal
Fotografía: Claire Mathon
Montaje: Simon Jacquet
Música: Stephen Warbeck
Decorados: Julyan Giraux
Vestuario: Laetitia Bouix
Reparto: Vincent Cassel, Emmanuelle Becot, Louis Garrel, Isild Le Besco, Chrystèle Saint Louis Augustin, Patrick Raynal, Yann Goven, Paul Hamy, Djemel Barek, Slim El Hedli, Lionnel Desruelles, Laetitia Dosch, Félix Bossuet, Giovanni Pucci, Michael Evans, Vincent Nemeth, Hervé Temime, David Van Der Beken, Patrick Peyromaure, Dani, Michelle Gomez, Jean-Louis Hauguel, Alain Beigel, Alexis Bascquet, Vincent Colombe, Thibaut Evrard, Aymeric Dapsence, Manon Rony, Olivier Collin du Bocage, Lola Norda, François-Marie Banier, Géraldine Bintein, Elise de Beer, Frédérique Giffard, Antoine Aussedat, Romain Sandère, Alexandre Braun, Ambroise Colombani, Constance Debré, Sabrina Goldman, Delphine Jaafar, Floria Lastelle, Xavier Nogueras, Charlotte Plantin, Emmanuelle Ronna, Olivier Savelli, Emma Sultan, Alain Fraitag, Harold Manning, Joanne Georgelin, Jean-Louis Periès, Mathieu Debatisse, Véronique Dubois, Jean-François Gayet, Karine Bourdié, Myriam Choukroune Nabil Kechouchen, Norman Thavaud, Amanda Added, Abdelghani Addala, Jibril Bentchakal, Estelle Tolstoukine, Vladimir Perrin, Grégory Laurent, Mohamed Boughanmi, Patrick Moreau, Kevin Devin, Nolimé Pettier, Hervé Roy, Lucile Graciano, Tahar Bouali…

No estoy seguro de que todo el mundo haya tenido alguna vez una de esas relaciones de amor-odio que no sabes si se están muriendo de amor o se matan amándose. De lo que sí estoy seguro es que todos nos hemos preguntado alguna vez por qué nos tiene que doler una muela en un momento determinado, o por qué nos hemos tenido que torcer un tobillo o caernos, rompernos la muñeca, dislocarnos el brazo o cualquier otro inconveniente físico derivado de un descuido como consecuencia de una situación de estrés. Más allá de esas teorías que asocian determinadas lesiones físicas con no sé qué problemas psicológicos, lo cierto es que muchas veces pareciera como si el cuerpo nos estuviera hablando, ya sea para que bajemos el ritmo o para alertarnos de alguna situación personal. Y eso es algo que cualquiera ha podido sentir en un momento determinado. De esta manera un accidente de esquí que nos causa una lesión de rodilla que necesita rehabilitación podría no ser exactamente un accidente, sobre todo cuando un psicólogo te obliga a preguntarte si no se trata de otra cosa que te da miedo a explicar porque podría ser, precisamente, a verdad.

La rehabilitación obliga a Marie-Antionette (Emmanuelle Bercot) a pensar, a cuestionarse, a reflexionar sobre los motivos que le han llevado al sitio en el que se encuentra, pero no sólo al lugar físico en el que está, sino al estado emocional en el que se encuentra. Todas las historias de amor empiezan bien, pero nunca se sabe cómo ni cuándo van a terminar. Por eso la rodilla es lo de menos, lo de más es la erosión emocional producida por una relación sentimental que suma tanto como resta. Una relación en la que la pasión se confunde con el maltrato, sin conflicto de género porque el abuso circula en los dos sentidos, y en la que el perdón y la humillación son un arma de doble filo. Ese tipo de relación en la que el corazón no quiere saber de la cabeza y la razón se ahoga con sobredosis emoción.

Maïwenn nos propone con Mi amor un relato duro, desnudo y descarnado en el que todos son responsables de sus actos y de sus consecuencias, sin reproches porque todos saben lo que pueden esperar del otro, y a pesar de todo lo aceptan. O lo necesitan porque viven el amor como una adicción, como una droga de la que no pueden desengancharse. Un tipo de relación en la que no tiene nada que ver el nivel social ni el cultural, porque ambos quedan nublados por esa cosa llamada amor. Uno de los momentos más conmovedores del relato es el aquel en que ella descubre definitivamente a su rey, al que alude su título original, se quita la venda para verle tal y como es, de la misma que le ven sus amigos y familiares que tanto le han advertido, pero que no quería o no podía ver por causa de ese estado emocional que te nubla la vista y te impide reaccionar… hasta que tocas fondo y tú decides si quieres dejarte arrastrar por la marea, o tomar impulso para volver a salir a flote.

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