Kylie Rogers y Jennifer Garner en Los milagros del cielo

«Los milagros del cielo» o el desprecio por las tragedias humanas

Cartel de Los milagros del cielo
Cartel de Los milagros del cielo

Título original: Miracles from heaven
Año: 2016
País: EE.UU.

Dirección: Patricia Riggen
Guion: Christy Beam, basado en una novela de Randy Brown
Producción: DeVon Franklin, T.D. Jakes & Joe Roth
Fotografía: Checco Varese
Montaje: Emma E. Hickox
Música: Carlo Siliotto
Diseño de producción: David Sandefur
Dirección artística: Doug Fick
Decorados: Brana Rosenfeld
Vestuario: Mary Jane Fort
Reparto: Jennifer Garner, Kylie Rogers, Martin Henderson, Brighton Sharbino, Courtney Fansler, Queen Latifah, Bryce Zentkovich, Eugenio Derbez, Kelly Collins Lintz, John Carroll Lynch, Brandon Spink, Rhoda Griffis, Erica McGee, Wayne Pére, Bruce Altman, Hannah Alligood, Zach Sale, Gwen Waymon, Kenny Alfonso, John Crow, J.M. Longoria, Scott Hunter, Kevin Sizemore, Preston Baker, Paul Andrew O’Connor, Gregory Alan Williams, Maia Moss-Fife, Matt Mercurio, Suehyla El-Attar, Norma Alvarez, Jennifer Finley…

Me resultan realmente inmorales los testimonios de personas que, tras sobrevivir a un accidente o una catástrofe o superan una enfermedad, agradecen a Dios que les haya salvado la vida. Todo un acto de hipocresía que les lleva a abrazar la fe tras una situación de desesperación, despreciando indirectamente a quienes no han sobrevivido a la misma situación. Así es fácil abrazar la fe. Aun así, siendo consciente del carácter católica de la  propuesta, no tengo reparos a enfrentarme a la película, para comprobar si, al menos, plantea algo más allá de la obviedad.

En un principio da la impresión de que vamos a asistir a un duelo entre fe y ciencia, los personajes son asaltados por las dudas habituales que asaltan a personas que viven este tipo de situaciones, particularmente cuando se trata de menores de edad. Pero la manera en la que se resuelven ciertas situaciones y el exceso de edulcorante, va obstruyendo mis venas hasta que explotan por causa del colesterol. La manera que tienen de solucionar la intolerancia a la lactosa con no comer pizza demuestra un gran desprecio por quienes sufren un trastorno alimenticio que es cambia la vida, por ejemplo, alertando de que no estamos ante una película que vaya a profundizar sobre la cuestión que plantea, sino que pretende quedarse en la superficie.

Patricia Riggen, que supo resolver bastante bien una relato que todos sabíamos como terminaba, como Los 33 (The 33, 2015, EE.UU. & Chile), no explora los vericuetos de la fe, sino que los convierte en clichés, para hacer de su propuesta un panfleto propagandístico sobre la religión, la cristiana, claramente, porque no hay otra, ni opción a error para la duda religiosa. Una pena que haya omitido deliberadamente señalar el síndrome de la hermana de en medio, que perfectamente podría haber sido la causa de todo el conflicto.

Lo que no impide que se pueda disfrutar de la película, pero sólo a través de una mirada tan superficial como la de sus autores. Porque lo gracioso del relato es que las reacciones de los protagonistas no difieren gran cosa de los personajes de películas de extraterrestres, particularmente cuando explican que han tenido un encuentro en la tercera fase, más todavía cuando resulta que tienen un viaje astral. Pero hasta viéndolo de esta manera me parece una película triste, porque una cosa es tener fe y otra comportarte como una loca que habla sola… Claramente un problema de la directora de la película, que no se ha molestado en solucionar de una manera convincente algo que perfectamente podría haber expresado mejor. Quizás es que es una película de encargo y no le interesaba demasiado el tema, porque la mala praxis se repite en secuencias como la de alguna transición temporal con esa cancioncita de rollo romántico que destruye la poca credibilidad que el producto ya tenía.

Ni siquiera la desgarradora interpretación de Jennifer Garner o la siempre estimulante presencia de Queen Latifah consiguen salvar Los milagros del cielo, una película que no consigue otra cosa que poner en evidencia los propios demonios de la comunidad religiosa en un relato en el que parece indicar que sólo la desesperación consigue llevarte hacia el camino de la fe. Viendo esa secuencia de los favores desinteresados me acuerdo de las leyes que están siendo aprobadas actualmente en estados como Mississippi, Tennessee y Carolina del Norte, en la que discriminan al colectivo LGBT, un colectivo en el que, paradojas aparte, muchos siguen siendo católicos y creyentes. Milagros de cada día, que no del cielo.

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