Where to invade next

«¿Qué invadimos ahora?»: Michel Moore es el gran Wyoming de los EE.UU.

Cartel de ¿Qué invadimos ahora? (Michael Moore, 2016, EE.UU.)
Cartel de ¿Qué invadimos ahora? (Michael Moore, 2016, EE.UU.)

Título original: Where to invade next
Año: 2015
País: EE.UU.

Dirección: Michael Moore
Producción: Carl Deal, Tia Lessin & Michael Moore
Fotografía: Rick Rowley & Jayme Roy
Montaje: Pablo Proenza, Woody Richman & Tyler H. Walk
Reparto: Michael Moore…

Que la elocuencia no está reñida con el patriotismo lo deja claro Michael Moore en su última película, Qué invadimos ahora, en la que el cineasta critica tanto su país porque en el fondo lo ama. Pero que lo ame no impide que sepa reconocer todas y cada una de las carencias del malamente denominado país ‘más poderoso del mundo’, que sólo ha ganado una guerra de las muchas que ha librado —y que los británicos siguen reivindicando que ganaron ellos—, responsable directo de la financiación de ISIS, que no responde ante sus ciudadanos de una manera que no sea violenta y cuya credibilidad fuera de sus fronteras se limita la propaganda del American way of life, que hace tiempo no es otra cosa que una pesadilla para todo aquel que no sea blanco, rubio y/o anglosajón.

Más cercano al ensayo audiovisual que al documental, Moore nos ofrece un recorrido por aquellos países que considera óptimos para su invasión, basándose en que reúnen unas condiciones sociales y políticas que ya le gustaría a él poder exportar a su propio país. El cineasta consigue que ese cosquilleo que se apodera del espectador por el perfecto equilibrio entre la ironía y la denuncia, no sólo no se extinga a lo largo de la película, sino que hasta consigue emocionar con alguna de las invasiones que realiza. Dos cosas consigue principalmente con su invasión: que quieras vivir en la mayoría de los países que invade y que ya nunca más quieras viajar a los Estados Unidos.

Sus principales armas, además del humor y la elocuencia, son las imágenes del material audiovisual que ilustra algunos de los más penosos incidentes que tienen lugar en suelo estadounidense, y que conocemos más por Internet que por los medios de comunicación tradicionales, que enfrenta con las grandes y grandilocuentes ideas que los políticos estadounidenses venden a su sociedad, las mismas que las de muchos de nuestros políticos pretende vendernos. El resultado final es tan duro como divertido. Los Estados Unidos viven de las rentas de su propaganda, que aspira a salvar al mundo cuando en realidad se están muriendo, porque se siguen matando los unos a los otros y siguen identificando el concepto de sociedad con el de comunismo y el de individualismo con capitalismo. Un país en el que el genocidio de su pueblo nativo se oculta, se aparta en reservas, como el que esconde la basura debajo de la alfombra, la esclavitud se restablece en las cárceles, la mujer sigue sin tener nada que decir y los colectivos homosexuales sobreviven en sus cotos privados, con miedo a mirar hacia otro lado.

Cualquiera puede reconocer que Moore sólo se centra en lo bueno, pero es que ese es su propósito: construir una sociedad con aquello que está demostrado funciona en otras sociedades. Entender los motivos por lo que algo que funciona no se exporta al resto del mundo. A través de esta ruta y de la misma manera que reflexiona Moore sobre su propio país al reflejarlo en los otros, el espectador tiene la oportunidad de hacer lo mismo tanto con su propia realidad, como con la comparación con todos y cada uno de esos países, así como la que tiene de los Estados Unidos. Es triste pensar que mientras Moore se lleva sus ideas a su país —para nada porque nadie le va a hacer caso realmente—, nosotros, los españoles, seguiremos aquí. Quejándonos, pero sin hacer nada. Porque en el fondo, tenemos la misma forma de vida que los italianos, pero nos dejamos que nos la roben poco a poco; hay algunos partidos políticos que, como en Islandia,  presentan listas paritarias, pero no todos y desde luego la paridad dista mucho de ser una realidad en el sector profesional; también tuvimos una asignatura muy parecida a la de la sexualidad de los franceses, que quizás estaba más en sintonía de la finlandesa y que aquí se llamaba Educación para la Ciudadanía, pero nos la acabó quitando un gobierno que se empeña en mirar más a los Estados Unidos que a Europa, al menos cuando no está mirando Angela Merkel.

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