Paz Vega es Marta en Espectro

«Espectro»: la suspensión de incredulidad como reto y el remix como remake

Cartel de Espectro
Cartel de Espectro

Año: 2014
País: México
Dirección: Alfonso Pineda Ulloa
Guion: Alfonso Pineda Ulloa, según un guion de Carlos Esteban Orozco y Juan Felipe Orozco
Producción: Santiago García Galván & Álex García
Fotografía: Marc Bellver
Montaje: Marcelino Islas Hernández & Jorge Macaya
Música: Erick Bongcam, Alejandro de Icaza & Dan Zlotnik
Diseño de producción: Bernardo Trujillo
Decorados: Noyolotl Orrante Mata
Vestuario: Atzin Hernández
Reparto: Paz Vega, Johanna Murillo, Alfonso Herrera, Maya Zapata, Gala Montes, María de Orduña, Dana Karvelas, Arnulfo Reyes Sánchez, Marco Trevio, marco Treviño, Antonio de la Vega…

Hay muchas maneras de entender el cine de terror. Cuando unos sólo buscan el exceso de efectos, la sobredosis de sangre o el subidón de adrenalina, otros esperan que esté construida con la misma coherencia que una película de cualquier otro género. Si a esto añadimos la benevolencia con la que se juzga una ópera prima podríamos alabar ciertos aciertos de la película dirigida por Alfonso Pineda Ulloa, por aquello de que quizás estuviera más interesado en crear una atmósfera que en construir un relato… sólo que no es su ópera prima. Es más, se trata incluso de un remake de una película colombiana, Al final del espectro (Juan Felipe Orozco, 2006), lo cual tiene mayor delito.

Pero es que, además de un remake, Espectro es un remix. Una sobredosis de alusiones y lugares comunes en los que La ventana indiscreta (Rear window, Alfred Hitchcock, 1954, EE.UU.) y El resplandor (The shining, Stanley Kubrick, 1980, Reino Unido & EE.UU.), se dan cita en la trilogía de los apartamentos de Roman Polanski, formada por Repulsión (1965, Reino Unido), La semilla del diablo (Rosemary’s baby, 1968, EE.UU.) y El quimérico inquilino (Le locataire, 1975, Francia & Reino Unido), a lo que podemos añadir los excesos audiovisuales del giallo, sobre todo los que convierten a la mujer en un mero objeto de deseo, en una víctima tan desvalida como atractiva, y todo esto recubierto de una onda japonesa que hace de la película una de esas enchiladas que cuando te las estás comiendo se te van cayendo todos sus ingredientes.

Es justo decir que dentro de todo este exceso sorprende la interpretación de una Paz Vega que se aleja de sus habituales personajes fuertes para sufrir como la más desvalida de las víctimas. Lástima que la película someta al espectador a una insoportable suspensión de la incredulidad, eludiendo dar explicaciones por medio de inoportunas y forzadas elipsis y no tener que explicar los motivos por los que el violador de la protagonista queda absuelto o el lugar en el que estuvo ella misma internada, así como la necesidad de buscar un (tétrico) piso nuevo donde parecía que recluyen a la protagonista sola con sus paranoias, o peor todavía, las inexplicables reacciones de su vecina, que no tienen ni pies, ni cabeza, ni sentido, ni beneficio. Cierto que se pueden disfrutar algunos planos y hasta alguna secuencia, porque visualmente la propuesta de Ulloa no deja de ser interesante, pero espero que la próxima vez recurra a otro guionista que pueda dar un mínimo de consistencia a su relato, para que su película no parezca un constante reto hacia el espectador, más que a su protagonista.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s