Suburra

«Suburra»: cuando la corrupción se limpia mejor desde abajo

Cartel de Suburra (Stefano Sollima, 2015, Italia & Francia)
Cartel de Suburra (Stefano Sollima, 2015, Italia & Francia)

Año: 2015
País: Italia & Francia
Dirección: Stefano Sollima
Guion: Sandro Petraglia, Stefano Rulli, Giancarlo De Cataldo & Carlo Bonini, basado en una novela de Gancarlo De Cataldo & Carlo Bonini
Producción: Marco Chimenz, Gina Gardini, Giovanni Stabilini & Riccardo Tozzi
Fotografía: Paolo Carnera
Montaje: Patrizio Marone
Música: Pasquale Catalano
Diseño de producción: Paki Meduri
Vestuario: Veronica Fragola
Reparto: Greta Scarano, Pierfrancesco Favino, Jean-Hughes Anglade, Elio Germano, Giulia Goretti, Claudio Amendola, Alessandro Borgi, Lidia Vitale, Marco Quaglia, Yulia Kolomiets, Adamo Dionisi, Giacomo Ferrara, Antonello Fassari, Michele Bevilacqua, Paolo Maria Scalondro, Andrea Pennacchi, Dario Narducci, Simone Liberati, Svetlana Kevral, Davide Iacopini, Alberto Testone, Ahmed Hafiene, Nazzareno Bomba, Giulia Maria Fiuma, Raffaele D’Introno, Francesco Sechi, Francesco Sampaolo, Alessandro Bernardini, Massimo Santangelo, Claudio Di Giorgio, Franca Maresa, Francesco Quagliero, Francesco Sabino, Pascal Zullino, Alex Di Giorgio, Antoni Giuliani, Marco Zangardi, Marco Marfella, Ottavio Spada…

Estamos cansados de verlo, particularmente este año en el que los políticos españoles no se ponen de acuerdo para formar gobierno. En el primer intento, un partido como Ciudadanos pactaba con PSOE negándose rotundamente a pactar con el PP, sin embargo, tras las segundas elecciones, el mismo grupo político firmaba un acuerdo con el PP, dando la espalda al PSOE. ¿Hay letra pequeña en estos efímeros acuerdos? En realidad ya no nos sorprende tanto cambio de chaqueta, estamos lamentablemente acostumbrados a que los partidos políticos digan una cosa para hacer exactamente la contraria inmediatamente después, o hablen a favor o en contra de una determinada ley, para hacer a continuación lo que más les conviene, independientemente de lo que hayan defendido. Debe ser es letra pequeña que los ciudadanos de a pie no alcanzamos a leer ni entender.

De esta manera, no deja de ser curioso que lo primero que me sorprende al adentrarme en Suburra (bajos fondos, en italiano), sin saber nada de su contenido, es que estoy viendo una historia real. No tanto porque te ubiquen en un tiempo y en un espacio concreto, ni porque las violentas situaciones que suceden puedan parecer lo suficientemente verosímiles como para que sucedan en la vida real, sino quizás porque comienza con algo tan insólito como un Papa que quiere abdicar. Algo que ha tenido lugar lo suficientemente cerca en el tiempo como para que nuestra precaria memoria no necesite confirmar ese dato, por otro lado insustancial, en alguna página de Internet. De hecho, esa primera secuencia de la película, en la que un acto tan cotidiano como poner la mesa sirve de fondo para una confidencia tan trascendental, por mucho que no se escuche —como cuando no podemos leer la letra pequeña de una ley—, sirviendo de perfecta anticipación de lo que viene después.

Es posible que no esté basada literalmente en ningún hecho real concreto, pero está claro que lo está en muchos acontecimientos reales diferentes. A lo largo del relato consiguen plasmar la decadencia de un mundo tan obsoleto como el de la Iglesia Cristiana, anclado en una ciudad asolada tanto por la putrefacción de la clase política, como por el arrogante descaro de las nuevas generaciones de delincuentes comunes. Bueno, no es que convivan, es que se necesitan los unos a los otros para sacar adelante sus proyectos, sus negocios, los de los de arriba y los de abajo, los iluminados y los cegados, dado que todos son los mismos y forman parte del mismo equipo. Tal es así que ahora podemos entender a la perfección cómo es que muchos atribuyen el asesinato de Pier Paolo Pasolini a grupos políticos fascistas cuando lo habían asesinado unos delincuentes comunes en una playa de Ostia.

Drogas, prostitución, especulación inmobiliaria, mafiosos sobrecargados de testosterona, nepotismo de alto standing y un sobre peso de tradición familiar son los ingredientes con los que Giancarlo De Cataldo y Carlo Bonini elaboraron una novela que Stefano Sollima ha sabido traducir en unas imágenes tan duras y violentas como frías y poéticas. No hace falta saber lo que sucedió en Italia en el otoño de 2011 para dar crédito al relato, porque sabemos que en España pasaba lo mismo, y sigue pasando todavía hoy en día, salvando las distancias entre Ostia y Alcorcón. Quizás la diferencia sea que si en Italia, tal y como se sugiere en la película, la corrupción se limpia con sus mismas armas, en España los bajos fondos a los que alude el título de la película parecen incluso haberse colado en forma de revolución política en el Congreso, aunque todavía está por ver que puedan limpiar tan a fondo como lo hacen en Suburra. ¿Será que aquí la mierda todavía no ha conseguido que rebosen las alcantarillas y nos queda todavía mucho por tragar? ¡Miedo me da que tiene todavía que llover para limpiar tanta putrefacción!

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