Yvonne Blake *Foto by David Carretero

Yvonne Blake dispuesta a traer transparencia y elegancia a la Academia del Cine

Es posible que la nueva presidenta de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de España no sea la más votada de la todavía breve historia de esta Academia ni la más conocida entre el público, pero da la impresión de que está dispuesta a limpiar una institución que no ha dejado de acumular caspa desde que Enrique González Macho se convirtiera en su presidente (quien debiera haber dimitido mucho antes), tras la dimisión de Álex de la Iglesia, que posteriormente Antonio Resines convertiría en alopecia galopante, en sentido literal y figurado, además de en su cortijo particular. Por eso mismo no puedo más que evocar la letra de aquella canción de Radio Futura y decir eso de «a través del cielo gris te divisé por fin diez martinis en el cuerpo y otro por venir , copas pisadas y tu rostro de perfil. No seas poética, por favor mírame a la cara, no mires al ron móntate en el coche, vamos a Avignon. Di cómo te llamas, di cómo te llamas, yo me llamo Ivonne», aunque en este caso sea con Y, de Yvonne Blake.

Del total de 1.180 miembros actuales de la Academia, tan sólo han votado 248, de los que 193 votaron a favor de Yvonne Blake, mientras que 50 lo hicieron en su contra, contabilizándose 2 votos nulos y  3 en blanco. Así es como se convertía en presidenta oficial de la Academia de Cine Española esta figurinista con cuatro premios Goya y un Oscar, después de serlo en funciones tras la dimisión de su predecesor. También es cierto que era la única candidata. «Transparencia, honestidad y renovación» es lo que prometía la nueva presidenta que, en la mayor tradición política española, no dudaba en señalar a su predecesor de malgastar el dinero de «forma extravagante» y tomar «decisiones sin contar con la Junta directiva», algo en lo que ella promete no caer.

Lo cierto es que la lista de promesas y propuestas de Yvonne Blake emociona y entusiasma a un cinéfilo como este, a quien sólo le interesa el cine de pantalla para afuera. Desde su promesa de «evitar caciquismos»; hasta la de contactar con esa«gente importante haciendo cine, de mucho éxito, que no pertenecen a la Academia», a quienes va a invitar personalmente; pasando por su intención de que los próximos premios Goya sean más «elegantes y más sobrios que el año anterior», cosa que no le va a costar demasiado; terminando por esa lapidaria reflexión que da cuenta de su profundo conocimiento de la cultura española siendo ella inglesa: «hay que evitar caciquismos».

Más allá de lo pomposo y pretencioso del nombre oficial, Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, por mucho que el cine siempre haya sido más de izquierdas que de derechas, hablando en general, lo cierto es que tiene costumbres bastante más reaccionarias de lo que cabría imaginar. De entrada su gestación se produce en torno a una mesa, no una mesa camilla, sino la de un restaurante ubicado en Calle Reina Mercedes, 20 de Madrid, O’Pazo, (por si quieren rememorar el momento o fundar otra Academia de algo), que desembocaría en el nacimiento oficial de la Academia el 8 de enero de 1986. Quince son las distinguidas personalidades (unas más y otras menos), que han presidido la institución, por elección o en funciones tras algún fallecimiento o dimisión:

  • José María González- Sinde, productor, guionista y director
  • Fernando Trueba, director, guionista y productor
  • Antonio Giménez-Rico, director y guionista
  • Fernando Rey, actor
  • Gerardo Herrero, productor, guionista y director
  • José Luis Borau, director, guionista, productor, actor y crítico cinematográfico además de editor literario
  • Aitana Sánchez-Gijón, actriz
  • Marisa Paredes, actriz
  • Mercedes Sampietro, actriz
  • Ángeles González-Sinde, guionista y directora
  • Eduardo Campoy, productor y director
  • Álex de la Iglesia, director, guionista, productor y director artístico
  • Enrique González Macho, distribuidor y productor
  • Antonio Resines, actor
  • Yvonne Blake, figurinista

No deja de ser significativo, contradictorio y vergonzoso que para ser miembro de esta Academia, además de ejercer alguna de las actividades profesionales relacionadas con el cine —lo que es normal—, haya que ser español. Significativo de lo reaccionario de su gestación, contradictorio porque no tienen problema en nominar a profesionales que no sean de origen español y vergonzoso por aquel refrán de toda la vida de que uno no es de donde nace, sino de donde pace, como la propia Yvonne, que habiendo nacido en Manchester, termina casándose con un madrileño. Otras maneras de ser miembro de este selecto club son las de estar vinculado de alguna manera con la cinematografía española, en cuyo caso la Junta Directiva tomaría la decisión de admitirte o no, además de que puedes entrar también por invitación de uno de sus miembros, aunque no de cualquiera, evidentemente. recordar que aquello de estar nominado no vale para entrar en el club, mucho menos si lo que haces son cortometrajes.

Más allá de las habituales funciones de crear noticias y escándalos, como el motín contra José Luis Garci por la acusación de compra de votos para El abuelo (José Luis Garci, 1998, España); la rabieta de Pedro y Agustín Almodóvar, que abandonaban la Academia después de no recibir un solo Goya por La mala educación (Pedro Almodóvar, 2004, España) para mayor gloria de Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004, España, Francia & Italia); las quejas de Luis García Berlanga ante el tono reivindicativo que habían tomado las galas de los premios Goya, ensuciadas por el Prestige y el No a la guerra de Irak; o el enfrentamiento de Álex de la Iglesia y la que era su antecesora en el cargo, Ángeles González-Sinde, por sus respectivas posturas ante la Ley Sinde, un conglomerado de conflictos que, a la larga, traerían un serio enfrentamiento con el gobierno del Partido Popular que desencadenaría la guerra contra la cultura; la Academia no sólo se encarga de los premios Goya, sino también de escoger la película candidata a optar al Oscar a la mejor película en lengua extranjera (entendiéndose por cualquier lengua que no sea la inglesa), así como la concesión de la Medalla de Oro de la Academia.

Quizás sea demasiado pronto para celebrar el nombramiento como presidenta de la Academia de Yvonne Blake, pero lo cierto es que sus primeras declaraciones dan motivos para quedar expectantes, tanto a lo que podemos esperar de las próximas nominaciones a los premios Goya, como, simplemente, a la personalidad que escojan para hacer entrega del Goya de Honor. De entrada, aunque quizás a un servidor no le pareciera Julieta (Pedro Almodóvar, 2016, España) la mejor opción, lo cierto es que las tres películas preseleccionadas para la carrera por el Oscar, cuya lista se completaba con El olivo (Icíar Bollaín, 2016, España) y La novia (Paula Ortiz, 2015, España & Alemania), ya nos adelantaban una manera particularmente diferente de representar a España por parte de una Junta Directiva, en la que ya estaba Yvonne Blake como presidenta, aunque todavía lo fuera solamente en funciones.

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