«Ouija: el origen del mal»: todo reglamento se puede volver en tu contra

Cartel de Ouija: le origen del mal (Ouija: the origin of evil, Mike Flanagan, 2016, EE.UU.)
Cartel de Ouija: le origen del mal (Ouija: the origin of evil, Mike Flanagan, 2016, EE.UU.)

Título original: Ouija: origin of evil
Año: 2016
País: EE.UU.
Dirección: Mike Flanagan
Guion: Mike Flanagan & Jeff Howard
Producción: Michael Bay, Jason Blum, Stephen Davis, Andrew Form, Bradley Fuller & Brian Goldner
Fotografía: Michael Fimognani
Montaje: Mike Flanagan
Música: The Newton Brothers
Diseño de producción: Patricio M. Farrell
Vestuario: Lynn Falconer
Reparto: Annalise Basso, Elizabeth Reaser, Lulu Wilson, Henry Thomas, Parker Mack, Doug Jones, Chelsea Gonzalez, Lincoln Melcher, Nicholas Keenan, Michael Weaver, Ele Keats, Eve Gordon, Chad Heffelfinger, Nina Mansker, John Prosky, Lin Shaye…

Pensar en una secuela de una película, Ouija (Stiles White, 2014, EE.UU.), que no sólo no te interesó demasiado, sino que te aburrió como una ostra, no parece una buena manera de acercarse a Ouija, el origen del mal que, más que secuela es una precuela. Pero el hecho de que cambien de director y prescindan del número indicativo de que es una secuela en su título merece un voto de confianza, o dos. Y esa es precisamente la mejor baza de Mike Flanagan, que nos presenta una secuela que no es como las demás, una propuesta que no es la típica película de terror que hilvana un susto tras otro y un relato que no está siquiera preocupado en mantener la coherencia con su precedente, aunque es posible que la tenga y ya no me acuerde.

De entrada se desarrolla en los años setenta, un punto de partida que nos sitúa en un contexto muy concreto a través de una ambientación comprometida, que huye del cliché estético, como sí abrazan otras películas similares. Pero es que ni siquiera el socorrido sentido del humor que pueda servir de gancho con el espectador forma parte de la intención del director. Al contrario, Flanagan nos propone un relato sencillo, con lugares comunes a otros relatos similares, pero cargado aquí de una inusual proyección psicológica en la que los personajes son más importantes que las acciones, logrando un interesante equilibrio entre los traumas psicológicos de una familia en la que el padre falta de manera inesperada y los fenómenos sobrenaturales que les sobrevienen en un entorno, por otro lado, tan siniestro como ellas mismas se lo han buscado.

Si a esto sumamos la interesante presencia de Henry Thomas, aquel entrañable Elliott de E.T., el extraterrestre (E.T.: the extra-terrestrial, Steven Spielberg, 1982, EE.UU.), y la prodigiosa revelación de Lulu Wilson, que ya vimos en otra película de terror como Líbranos del mal (Deiver us from evil, Scott Derrickson, 2014, EE.UU.), pero que aquí se erige por derecho propio como una presencia tan sobrecogedora e inquietante como perturbadora, descubriremos una sorprendente película capaz de cautivar y hasta de sorprender, aunque no juguemos a la ouija, ni nos preocupen las presencias del más allá. Me atrevo a decir que Ouija: el origen del mar, casi guarda más sorpresas que la enésima investidura de Rajoy, que ya sabemos cómo va a terminar y sólo nos preocupa que alguien que dijo que va a decir NO se abstenga, o viceversa y que, seguro, queremos que termine ya, al contrario que la película que, aquí sí, exponiendo claramente su reglamento, nos pilla desprevenidos y nos deja sin derecho a réplica.

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