«Sully»: la imprescindible importancia del factor humano, para bien y para mal

Cartel de Sully (Clint Eastwood, 2016, EE.UU.)
Cartel de Sully (Clint Eastwood, 2016, EE.UU.)

Año: 2016
País: EE.UU.
Dirección: Clint Eastwood
Guion: Todd Komarnicko, basado en las novelas de Chesley Sullenberger & Jeffrey Zaslow
Producción: Clint Eastwood, Frank Marshall, Tim Moore & Allyn Stewart
Fotografía: Tom Stern
Montaje: Blu Murray
Música: Christian Jacob & Tierney Sutton Band
Diseño de producción: James J. Murakami
Dirección artística: Ryan Heck & Kevin Ishioka
Decorados: Gary Fettis
Vestuario: deborah Hopper
Reparto: Tom Hanks, Aaron Eckhart, Valerie Mahaffey, Delphi Harrington, Mike O’Malley, Jamey Sheridan, Anna Gunn, Holt McCallany, Ahmed Lucan, Laura Linney, Laura Lundy Wheale, Onira Tares, Gary Weeks, Katie Couric, Jeff Kober, Blake Jones, Molly Bernard, Chris Bauer, Jane Gabbert, Ann Cusack, Molly Hagan, Purva Bedi, Max Adler, Sam Huntington, Christopher Curry, Ashley Austin Morris, Cooper Thorton, Autum Reeser, Jeffrey Nordling, Patch Darragh, Rob Treveiler, Billy Richards, Aida Manassy, Pascal Yen-Pfister, Marcia DeBonis, Noel Fisher, Adam Boyer, Wilbur Fitzgerald, Michael Rapaport, Vincent Lombardi, Jeremy Luke, Bernardo Badillo, Jerry Ferrara, Viktoria Khartchenko, Randall Pinkston, Graham Sibley, Grant Roberts, Wayne Bastrup, Bobby Cuza, Billy Smith, Martin Barabas, R. Roger Mitchell, Robert Pralgo, Clayton Landey, Tracee Chimo, Brett Rice, Kristine Johnson…

A veces juzgamos una obra cinematográfica por sus pretensiones, más que por el valor intrínseco de lo que cuenta. Erróneamente interpretamos que una película es más trascendente si habla de grandes temas, como la vida y la muerte, el amor y la guerra, la religión, la educación, la dificultad de las relaciones de pareja, la eterna insatisfacción del ser humano y sus grandes contradicciones o cualquier otro tema que implique una condición universal. De la misma manera, tendemos a tildar de menores las obras de cineastas que no son pretenciosas, que por hacer referencia a momentos puntuales o personajes que no tienen grandes aspiraciones o ambiciones, nos hacen pensar que no tenían algo más trascendental que contar y optan por hacer la película mientras les llega la inspiración. Pero a veces sucede también que las películas más pequeñas y sencillas son también las que más llegan, porque hablan de personajes y situaciones con las que nos podemos identificar a la perfección. Es el caso de Sully, en la que Clint Eastwood reconstruye un episodio que algunos todavía retendrán en la memoria, aquel denominado «milagro en el Hudson», cuando un experimentado piloto consigue aterrizar un Airbus A320, después de perder los dos motores a causa de un impacto con varios gansos. Contra todo pronóstico, el avión aterriza sobre el agua sin problema, y ni uno sólo de los pasajeros resulta siquiera herido.

Podría parecer que les acabo de fastidiar la película, pero, obviamente no es así, porque Sully no es uno de esos relatos sobre catástrofes que utiliza el dolor humano para conseguir la empatía del espectador. Nos encontramos ante una película sobre uno de esos actos humanos improvisados, que podrían haber salido bien, igual que podrían perfectamente haber salido mal, pero que, precisamente, lograron salir adelante gracias a ese mismo factor al que tantas veces culpamos: el factor humano. Lo fácil es culpar al piloto, igual que en España se culpa al conductor del AVE de Santiago o al del metro de Valencia, pero lo difícil es entender por qué una decisión en un momento crítico puede ser buena o mala. El colmo de la estupidez humana es cuando, no habiendo víctimas mortales, se sigue pretendiendo culpar al piloto por no haber hecho lo que se suponía tenía que haber hecho, al menos desde el punto de vista de la compañía de seguros que tendrá que pagar por un avión perdido.

Lejos de ahondar en la herida, Eastwood evita en todo momento la sensiblería para construir un relato en su habitual tono clásico y elegante, centrándose en la precisión y la verosimilitud. Las que aporta el propio Chesley Sullenberger, que participa como asesor del rodaje; la del capitán del primer ferry que acude a socorrer a los supervivientes, que vuelve a ser el capitán del primer ferry que llega al avión siniestrado en la ficción; la de rodar en el mismo Hotel New York Marriot Downtown donde llevaron a los supervivientes aquel 15 de enero; de volver a contar con la propia Katie Chesley para entrevistar a Tom Hanks haciendo del capitán Sullenberger para su programa de televisión; incluso de rodar algunas secuencias en el propio río Hudson, en el mismo lugar en el que aterrizó exactamente el Airbus A320. Pero el logro de Clint Eastwood no es siquiera su respeto por la realidad, sino por saber contar un relato que todos sabemos cómo termina desde el principio, introduciendo el trauma de unos personajes que saben que podrían haber muerto, transmitiendo a la perfección ese estado de shock que les hace vulnearbles y les impide entender exactamente lo que ha sucedido, pero celebrar que todos pueden contarlo, sea de quien sea la culpa. Porque no se trata de la reconstrucción de una catástrofe, sino de un relato sobre la dificultad de la supervivencia.

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