Emma Watson y Michael Nyqvist en Colonia, Florian Gallenberger, 2015, Alemania, Francia & Luxemburgo

«Colonia»: al aroma rancio de la propaganda termina por desacreditar la esencia reivindicativa

Cartel de Colonia, Florian Gallenberger, 2015, Alemania, Francia & Luxemburgo
Cartel de Colonia, Florian Gallenberger, 2015, Alemania, Francia & Luxemburgo

Año: 2015
País: Alemania, Luxemburgo & Francia
Dirección: Florian Gallenberger
Guion: Florian Gallenberger & Torsten Wenzel
Producción: Benjamin Herrmann & Nicolas Steil
Fotografía: Kolja Brandt
Montaje: Hansjörg Weißbrich
Música: Fernando Velázquez
Diseño de producción: Bernd Lepel
Dirección artística: Tobias Frank, Pablo Maestre Galli & Ralf Schreck
Decorados: Agostina De Francesco & Sylvia Kasel
Vestuario: Nicole Fischnaller
Reparto: Emma Watson, Daniel Brühl, Michael Nyqvist, Richenda Carey, Jeanne Werner, Julian Ovenden, August Zirner, Martin Wuttke, Nicolás Barsoff, Steve Karier, Stefan Merki, Lucila Gandolfo, Johannes Allmayer, Gilles Soeder, Katharina Müller-Elmau, Paul Herwig, Oscar All Garci, Etienne Halsdorf, Jules Waringo, Johannes Frolich, Lauren Jane Pringle, Alexia Moyano, Lydia Stevens, Natalia Señorales, Melania Lenoir, Justina Bustos, Pietro Gian, Marcelo Vilaro, Iván Espeche, Gastón Filqueira, Martine Conzemius, Cuco Wallraff, Pedro Merlo, Lalo Rotaveria, Carlos Alejandro Lopez, José Antonio Coello Porras, Stephan Szasz, Edgar Moro, Jasper Timm…

La propaganda es un arma muy peligrosa, particularmente cuando se extiende por las mentes incultas que aceptan la religión como si realmente fuera la palabra de Dios. Hace unos pocos días, un sacerdote italiano tenía la desfachatez de calificar de «castigo divino» los repetidos terremotos que asolan la región central de Italia, culpando a la reciente aprobación de la ley del matrimonio igualitario por el gobierno de Matteo Renzi. ¿Acaso era el primer país en el que se aprobaba? ¿Acaso fueran entonces una advertencia los terremotos de Nepal, Turquía o Tahití, o hasta el mismo terremoto de Lorca? Irresponsables palabras, ciertamente, al venir de una persona que, por su cargo y su función, sostiene una peligrosa influencia sobre personas ignorantes que incluso llegarán a pensar que así podría ser. Pero no nos engañemos, la propaganda circula en todos los sentidos, incluso aunque se trate de demonizar un recinto tan deplorable como Colonia Dignidad.

Como todas las dictaduras, el régimen de Augusto Pinochet desarrolló muchas estrategias para la realización del mal. Uno de los lugares en los que se efectuaban prácticas ilegales, o al menos esas torturas que tan mala publicidad e imagen proporcionan al mundo exterior, era Colonia Dignidad, un espacio al que acudían las almas que pretendían entregarse a Dios. A Dios o al demente que lideraba una institución más cerca del culto de una secta que del amor al prójimo o a Dios, una perversión en la que se retorcían las almas y se perturbaba el corazón y en la que mujeres y niños se llevaban la peor parte, pero que nunca tuvo por ello ni el contundente castigo legal, ni mucho menos el merecido «castigo divino». Lo triste es que, por mucho que el mensaje valga la pena y la denuncia esté perfectamente justificada, el cineasta alemán Florian Gallenberger fracase estrepitosamente en su intento de mostrar las atrocidades que allí se cometieron al convertir su relato en el mismo ejercicio de propaganda, ligeramente reaccionaria, en el que convierte a los comunistas en un montón de cobardes que no tienen la «valentía» de recuperar a los camaradas secuestrados por Pinochet y a los religiosos en un grupo de perturbados que caían en esta secta al servicio de un sádico ilustrado.

Emma Watson y Daniel Brühl en Colonia, Florian Gallenberger, 2015, Alemania, Francia & Luxemburgo
Emma Watson y Daniel Brühl en Colonia, Florian Gallenberger, 2015, Alemania, Francia & Luxemburgo

Todo un detalle para Emma Watson, convertir a la azafata en la gallarda mujer que prácticamente se convierte en monja para acudir al rescate de su novio en un improbable periplo que, aunque se intuya que pueda haber sucedido de manera similar, sospechas que todo está demasiado apurado para conectar rápida y fácilmente con un público masivo, perdiendo la credibilidad y terminando por ofrecer más una caricatura que un homenaje a las pobres almas que todavía hoy en día siguen esperando justicia. Credibilidad que termina enterrada en el mismo lugar en el que termina algunos de los personajes, porque cuando los personajes deberían hablar en español y si acaso alemán, se limitan a hablar en inglés y soltar algún chascarrillo en español, siendo además Emma Watson y los miembros femeninos del reparto las únicas capaces de atribuir un mínimo de verosimilitud a sus personajes, al contrario que Daniel Brühl o Michael Nyqvist, incomprensiblemente nominado este último a un premio de la Academia del cine alemana por su patético personaje.

Por mucho que uno de esos nazis que se dedicaron a continuar el legado de su führer, Paul Schäfer Schnider,  se escabullera de la justicia hasta 2005, siendo condenado a cadena perpetua, pero cumpliendo sólo 5 años hasta su fallecimiento en 2010, lo cierto que el verdadero y auténtico responsable no fue otro que Augusto Pinochet, que es quien permite que individuos de esta calaña campen a sus anchas con impunidad, falleciendo él mismo en la cama de un hospital, sin haber llegado jamás a ser juzgado por las atrocidades cometidas bajo su sangriento régimen militar.

 

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