El ciudadano ilustre, Mariano Cohn & Gastón Duprat, 2016, España & Argentina

«El ciudadano ilustre»: el autor que lucha contra sus personajes en una auténtica comedia de terror

Cartel de El ciudadano ilustre, Mariano Cohn & Gastón Duprat, 2016, España & Argentina
Cartel de El ciudadano ilustre, Mariano Cohn & Gastón Duprat, 2016, España & Argentina

Año: 2016
País: Argentina & España
Dirección: Mariano Cohn & Gastón Duprat
Guion: Andrés Duprat
Producción: Fernando Sokolowicz
Fotografía: Mariano Cohn
Música: Toni M. Mir
Dirección artística: Diana Marzal & María Eugenia Sueiro
Vestuario: Laura Donari
Reparto: Oscar Martínez, Dady Brieva, Andre Frigerio, Belén Chavanne, Nora Navas, Marcelo D’Andrea, Gustavo Garzón, Emma Rivera, Iván Steinhardt, Julián Larquier Tellarini, Manuel Vicente…

Siempre se ha dicho aquello de que cuanto más sencillo, más universal es un relato. Las obsesiones de Woody Allen han evolucionado con su cine, los recuerdos de Federico Fellini constituyen la base del suyo y hasta las paranoias de David Lynch han conseguido proporcionar a su legado artístico de una cohjerencia espectacular —las citas no son gratuitas, sino directas por aspectos muy diferentes—. Esta misma premisa la vuelve a demostrar el binomio artístico formado por Mariano Cohn y Gaston Duprat en esta fábula sobre un laureado escritor que huyendo de sus orígenes, nunca consigue escapar de ellos al constituirse en la rica y arrolladora influencia que proyecta en sus obras literarias.

Ya de paso, abren el debate de la legitimidad de un autor para aprovecharse de su entrono más cercano, de sus vecinos, de las historias populares de su pueblo, para convertirlas en sus propios personajes, fagocitando sus experiencias vitales para dotarles de una proyección tan inesperada como para coneguir un premio Nobel. Lo que para unos puede ser un halago, para otros constituye toda una apropiación indebida, por mucho que se disfrace de libertad artística. Pero en este profundo análisis de las comunidades más profundas, Cohn y Duprat van mucho más allá, explorando la sórdida naturaleza de personajes tan rudos, torpes y grotescos como espontáneos y naturales, pero capaces de mostrar su aspecto más oscuro en el momento más inesperado, haciendo de un evento social una cuestión personal y desarrollando insospechadas estrategias con el fin de conseguir sus descabellados propósitos.

Tal y como sucedía en El hombre de al lado (2009, Argentina), nos enfrentamos a un personaje que no cae necesariamente simpático, lo que tampoco quiere decir que no tenga su gracia, convirtiendo este relato, que podría perfectamente parecer un drama, en una sorprendente comedia, aunque, eso sí, una comedia de terror. No es de extrañar que Óscar Martínez fuera premiado en la Biennale por su interpretación, o que la película obtuviera el premio al mejor guion en la Seminci, además de la Espiga de Plata, porque si bien es la habilidad del relato lo que consigue sorprender y pillar desprevenido al espectador, es también la notable capacidad del actor para proporcionar a su personaje un perfecto equilibrio entre la humana debilidad y una comprensible arrogancia, haciendo de Daniel Mantovani un personaje tan odioso como atractivo.

El ciudadano ilustre, Mariano Cohn & Gastón Duprat, 2016, España & Argentina
El ciudadano ilustre, Mariano Cohn & Gastón Duprat, 2016, España & Argentina

No sé hasta que punto me atrevería a decir que vaya a tener buena fortuna de cara a su selección a los premios Oscar, pero con o sin nominación, El ciudadano ilustre demuestra que no es que se puede ser perfectamente ilustre en el mundo sin ser necesariamente profeta en su tierra, o que, precisamente, quien sí es lo es debe ganárselo a base de otras cuestiones que no son precisamente la excelencia artística. Ahora eso sí, aparte de la guasa de que Argentina no tiene ningún premio Nobel de Literatura, tras escuchar el discurso de Mantonvani aceptando su Nobel en la ficción, uno se queda con las ganas de escuchar el de Bob Dylan en la vida real, que siendo profeta en su tierra, no termino de intuir hasta qué punto rendirá sumisión a los reyes de Suecia y agradecimiento a la Academia sueca que incluso llegó a desistir de informarle oficialmente de que le habían concedido un Nobel de Literatura, ya que de música no tienen.

 

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