Kate Beckinsale en Amor y amistad (Love & friendship, Whit Stillman, 2016, Irlanda, Francia & Holanda)

«Amor y amistad» o cómo sacarle partido a ser mujer en una época en la que casi era un castigo

Cartel de Amor y amistad (Love & friendship, Whit Stillman, 2016, Irlanda, Francia & Holanda)
Cartel de Amor y amistad (Love & friendship, Whit Stillman, 2016, Irlanda, Francia & Holanda)

Titulo originalLove & friendship
Año: 2016
País: Irlanda, Francia & Holanda
Dirección: Whit Stillman
Guion: Whit Stillman, basado en la novela Lady Susan de Jane Austen
Producción: Lauranne Bourrachot, Katie Holly & Whit Stillman
Fotografía: Richard Van Oosterhout
Montaje: Sophie Corra
Música: Benjamin Esdraffo
Diseño de producción: Ann Rackard
Dirección artística: Louise Mathews & Bryan Tormey
Decorados: Stuart Crinnion
Vestuario: Eimer Ni Mhaoldomhnaigh
Reparto: Kate Beckinsale, Morfydd Clark, Tom Bennett, Jenn Murray, Lochlann O’Mearáin, Sophie Radermacher, Chloë Sevigny, Stephen Fry, Jordan Waller, Ross Mac Mahon, Frank Prendergast, Xavier Samuel, Emma greenwell, Justin Edwards, Kelly Campbell, Conor Lambert, Conor MacNeill, Frank Melia, Sylvie Benoiton, Daniel Magee, Jemma Redgrave, James Fleet, Rowan Finken, David Timbs, Laura Whelan, James Crerar, John Brennan, Olivia Fahy, Ellie Houlihan, Carla McGlynn…

No deja de ser curioso que una película como Amor y amistad, en la que los personajes femeninos tienen mayor importancia que los masculinos, basada en Lady Susan,, una novela epistolar escrita por una mujer, Jane Austen, no consiga exactamente pasar el test de Bechdel. A pesar de que todos los personajes femeninos tienen nombre, y de que actúan entre ellas todo el tiempo siendo los masculinos secundarios, lo cierto es que la mayor parte del tiempo están hablando de un hombre, ya sea un amigo o un posible marido. Solo que tanto en un caso como en el otro, la conversación no constituye otra cosa que una estrategia para conseguir su objetivo, que puede ser un hombre, pero no como meta, sino como fin. Porque en el siglo XVIII, aunque una mujer sea culta e inteligente, como es el caso de Lady Susan Vernon, depende de un hombre para vivir. No porque no pueda valerse por sí misma, sino para conseguir el estatus de mujer respetable y solvente que en aquellos tiempos sólo proporcionaba el matrimonio, daba igual con quién. No sé si pasa el test, pero  lo cierto es que el hombre en este relato es meramente circunstancial, un pelele en las manos de mujeres que han perfeccionado las artes de la manipulación a la perfección. Lo que no quiere decir que estemos ante una caricatura masculina, tan sólo ante la supremacía de la inteligencia de una mujer como Lady Susan, interpretada con inusitada elegancia por Kate Beckinsale, quien nunca debió haber dejado el cine de época, que es el que mejor le sienta.

No dejan de ser curiosas las similitudes entre la maravillosa novela de Pierre Choderlos de Laclos, Las amistades peligrosas (Les Liaisons dangereuses, 1782) y la novela epistolar de Austen, publicada de manera póstuma en 1871, pero que podría haber estado escrita alrededor de 1794, aunque para la película hayan tomado prestado el nombre de un volumen de relatos cortos, Amor y amistad. Las estrategias de Lady Susan no distan demasiado de las de la marquesa de Merteuil, y como ésta, nunca estás seguro de si te cae mal por insolente lianta o bien por genial manipuladora, no sabes si deseas que gane o pierda su partida, si la odias o la adoras. La diferencia está, quizás, en la moralidad, porque si la francesa actúa conducida por el instinto, la inglesa lo hace siempre de la manera más razonada, con el convencimiento de que está haciendo lo que debe hacer, distando su moral bastante de la regla general de la época, a la que sabe plegarse en apariencia, que no en espíritu. Lo que la convierte en un personaje tan moderno y contemporáneo como la propia marquesa de Laclos. Que todo el equipo de rodaje se lo debió pasar estupendamente bien haciendo la película, no sólo se refleja a la perfección en la espontaneidad que transmiten sus interpretaciones y que el público se lo pase francamente bien con ellos, sino en el hecho de que pudieran rodar la película en sólo 26 días, por no hablar de la fotografía, el vestuario y una dirección artística verdaderamente prodigiosa que nos transporta con exactitud y precisión a una época en la que ser mujer casi era un castigo, a no ser que supieras cómo sacarle partido.

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