1898: Los últimos de Filipinas (Salvador Calvo, 2016, España)

«1898: Los últimos de Filipinas»: el patriotismo es el refugio de los necios y los imbéciles

Cartel de 1898: Los últimos de Filipinas (Salvador Calvo, 2016, España)
Cartel de 1898: Los últimos de Filipinas (Salvador Calvo, 2016, España)

Año: 2016
País: España
Dirección: 
Salvador Calvo
Guion: Alejandro Hernández
Producción: Enrique Cerezo
Fotografía: Ale Catalán
Montaje: Jaime Colis
Música: Roque Baños
Diseño de producción: Carlos Bodelón
Dirección artística: Carlos Cobelón
Vestuario: Paola Torres
Reparto: Raymond Bagatsing, Pedro Casablanc, Álvaro Cervantes, Patrick Criado, Karra Elejalde, Javier Gutiérrez, Ricardo Gómez, Andoni Hernández, Maykol Hernández, Miguel Herrán, Carlos Hipólito, Alexandra Masangkay, Ciro Miró, Emilio Palacios, Frank Spano, Luis Tosar, Wenjun, Marcos Zan…

Decía Oscar Wilde que «el patriotismo es la virtud de los depravados», una cita a la que podemos sumar otra de Arthur Schopenhauer, que decía que «todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad», y entenderemos a la perfección lo que Salvador Calvo pretende contarnos en 1989: Los últimos de Filipinas. ¿O es en realidad Enrique Cerezo quien nos lo cuenta? No me queda claro, de la misma manera que tampoco termino de decidirme sobre lo que realmente me están contando. Es posible que esta falta de definición se desprenda de poner ante un proyecto de tal envergadura a un principiante en el cine, por mucho que tenga larga trayectoria televisiva, lo que se deja notar en una puesta en escena marcada por el contraste entre la majestuosidad de los escenarios naturales y la precariedad artística de la puesta en escena en los decorados interiores, que no hacen más que evidenciar la falta de personalidad de un cineasta más formal que clásico, más preocupado en traducir en imágenes el texto de Alejandro Hernández, que en proporcionar al relato una dimensión moral o ideológica, cuando queda claro que estamos más ante cine político que ante una película histórica, aunque eminentemente ridícula.

¿Estamos ante un relato sobre un grupo de héroes que defendieron la dignidad del imperio español o sobre un puñado de pringados liderados por un par de necios y un sociópata? Quizás el germen de esta dicotomía está en el guionista del proyecto, que en lugar de cubano tendría que haber sido filipino. ¡Ah, claro! Que estuvimos 4 siglos allí pero lo único que pudimos traernos fue a Isabel Preisler (perfectamente representada en la película por… bueno, no voy a seguir por esa línea). Pero quizás sea este el secreto de la película, que no terminemos de entender bien si estamos asistiendo a los estertores de un imperio que un puñado de patéticos héroes se empeñan en retrasar o ante el ridículo insoportable de una panda de imbéciles que se creyeron lo que les dijeron los de arriba. Pero no es que un servidor no lo entienda, por supuesto que soy capaz de sacar mis conclusiones, pero es que da la impresión de que los autores de la película no han terminado de ponerse de acuerdo. Porque si bien queda claro quién es el sociópata y quienes los que pagan el pato durante todo el relato, el final parece reivindicar que tanto sufrimiento fue recompensado… aunque sólo para el más loco e imbécil  de los que volvieron a España.

Y va a ser eso lo que cuenta la película, por eso sale uno de tan de mala leche. Porque más de un siglo después sigue habiendo personas que defienden lo indefendible amparándose en la absurda idea del patriotismo, da lo mismo que fueran los antaño nacionales o republicanos, que actualmente los que están en contra o favor de los independentistas, porque al final sí hay un denominador común que une a absolutamente todos los españoles, ya sean gallegos, extremeños, vascos, cántabros, valencianos, castellanos, riojanos, manchegos, madrileños, aragoneses, mallorquines, catalanes, canarios, murcianos o andaluces, que todos ellos son tercos, cabezones, porfiados, obstinados y testarudos. Además de corruptos, porque ya en el ocaso del siglo XIX se llevaba lo de tergiversar los hechos en beneficio de los de arriba, en permitir que muriera gente inocente por no dar el brazo a torcer, en interpretar las cosas como interesaba a la corriente oficial, para mayor gloria de un imperio que sigue desmembrándose todavía hoy en día. ¿Que no te consideras así? Será que igual no eres español, para que luego digan de Fernando Trueba.

P.D.: No puedo terminar sin hacer referencia a una curiosa coincidencia, el hecho de que el único que queda como héroe comparta apellido con el productor de la película, lo que ya de por sí podría dar una pista sobre el tono que este habría querido proporcionar en la película, porque no me digan que no les recuerda ese horroroso spot de televisión protagonizado por Javier Cárdenas: ¿casualidad?

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