«Moonlight»: ligera sonata de amor y dolor en tres actos profundos

Cartel de Moonlight, Barry Jenkins, 2016, EE.UU.
Cartel de Moonlight, Barry Jenkins, 2016, EE.UU.

Año: 2016
País: EE.UU.
Dirección: Barry Jenkins
Guion: Barry Jenkins, según una idea original de Tarell Alvin McCraney
Producción: Dede Gardner, Jeremy Kleiner & Adele Romanski
Fotografía: James Laxton
Montaje: Joi McMillon & Nat Sanders
Música: Nicholas Britell
Diseño de producción: Hannah Beachler
Dirección artística: Mabel Barba
Decorados: Regina McLarney
Vestuario: Caroline Eselin
Reparto: Mahershala Ali, Shariff Earp, Duan Sanderson, Alex R. Hibbert, Janelle Monáe, Naomie Harris, Jaden Piner, Herman ‘Caheei McGloun, Kamal Ani-Bellow, Keomi Givens, Eddie Blanchard, Rudi Goblen, Ashton Sanders, Edson Jean, Patrick Decile, Herveline Moncion, Jharrel Jerome, Fransley Hyppolite, Jesus Mitchell, Larry Anderson, Tanisha Cidel, Trevante Rhodes, Stephon Bron, André Holland, Don Seward…

Confieso que muchas veces me resulta difícil hablar bien de las películas que me gustan tanto. Sobre todo cuando me dejan sin palabras. Casi como al propio protagonista de Moonlight, que le cuesta tanto trabajo expresarse. Por otro lado, casi me parece contraproducente crear demasiada expectación ante una película que, en el fondo, es una obra pequeña, modesta y hasta sencilla. Lo que no impide que sea conmovedora al conseguir un extraordinario impacto. No sólo por la intensidad de la historia que cuenta, sino por los pequeños vínculos que consigue establecer con el espectador. Sin importar si es hombre o mujer, negro o blanco, gay o heterosexual.

¿Quién no se acuerda viendo Moonlight de aquel día en que aprendió a nadar, de su primer beso, de esa conmovedora canción, de aquel paseo en coche, de aquella llamada telefónica que ya no esperabas, de quienes te daban consuelo y te ayudaban sin esperar nada a cambio, de la visita inesperada de esa precisa persona; como también de aquel día que te hicieron sentir mal en la escuela, cuando te defraudó aquella persona que tanto te importaba o cuando sabes que fuiste tú el que defraudó a quien no se lo merecía, o incluso aquel duro momento en que tu madre te hablaba y no entendías lo que te estaba diciendo ni por qué te estaba haciendo eso que te hacía tanto daño sin ella saberlo? Todo esto a través de tres sencillos actos que vienen a mostrar tres edades de su protagonista. Tres etapas cruciales en los que la primera es un campo fértil en el que se siembre lo que en la segunda determina una acción que termina por construir a la persona que vemos en su tercera etapa. Quién soy, de dónde vengo y en qué me he convertido.

La autenticidad y capacidad de conexión de Moonlight no es gratuita, porque Barry Jenkins toma prestados muchos acontecimientos de su propia vida. Pero su mayor logro no está en transmitir su conmovedora historia, sino en conseguir que cada espectador se identifique tan poderosamente con ella. Aunque no haya pasado por los mismos sitios, pero seguro que sí por lugares comunes. Y tampoco es exactamente necesario, porque sabes que si no te ha pasado a ti, le ha pasado a tu amigo o a tu compañero de clase, a tu vecino o a tu colega del trabajo. Moonlight está repleta de instantes cargados de profundo amor, pero también de un intenso dolor. Pequeños momentos con los que se puede identificar cualquier espectador, consiguiendo que el relato hable tanto del propio Barry Jenkins como del espectador que viaja, junto a sus personajes, hasta su propio pasado.

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