«Doña Clara»: cuando la república independiente de tu casa limita con la corrupción inmobiliaria

Cartel de Doña Clara (Aquarius, Kleber Mendonça Filho, 2016, Francia & Brasil)
Cartel de Doña Clara (Aquarius, Kleber Mendonça Filho, 2016, Francia & Brasil)

Título original: Aquarius
Año: 2016
País: Brasil & Francia
Dirección: Kleber Mendonça Filho
Guion: Kleber Mendonça Filho
Producción: Saïd Ben Saïd, Emilie Lesclaux & Michel Merkt
Fotografía: Pedro Sotero & Fabricio Tadeu
Montaje: Eduardo Serrano
Diseño de producción: Juliano Dornelles & Thales Junqueira
Vestuario: Rita Azavedo
Reparto: Sonia Braga, Maeve Jinkings, Irandhir Santos, Humberto Carrão, Zoraide Coleto, Fernando Teixeira, Buda Lira, Paula De Renor, Barbara Colen, Daniel Porpino, Pedro Queiroz, Carla Ribas, Germano Melo, Julia Bernat, Thaia Perez, Arly arnaud, Leo Wainer, Lula Terra, Allan Souza Lima, Valdeci Junior, Clarissa Pinheiro, Rubens Santos, Bruno Goya, Andrea Rosa, Joana Gatis, Tavinho Teizeira…

Las nuevas generaciones siempre exigen a los mayores que se adapten a las nuevas tendencias, a los avances tecnológicos, a la evolución de la sociedad. Y en su gran mayoría lo consiguen, ya sea porque la edad trae consigo un alto grado de tolerancia o porque realmente son capaces de adaptarse a los tiempos modernos, al menos a aquellos aspectos de la vida contemporánea enriquecen su manera de vivir. Sin embargo, pocas son las veces que esas nuevas generaciones son capaces de respetar aquellos aspectos de la vida de sus mayores a los que estos se niegan a renunciar. Por los motivos que sean. Es esta lucha entre lo nuevo y lo viejo uno de los muchos aspectos que subyace soterrado en el segundo largometraje de Kleber Mendonça Filho.

Junto a esta disyuntiva está también la resiliencia tras la enfermedad, la tranquilidad de la soledad fruto de la autodeterminación personal,la sexualidad en la tercera edad, las relaciones materno filiales, la corrupción política, la hipocresía de la educación o los cambios de una sociedad que, en el fondo, no cambia, tan sólo se regenera para dar entrada a unas generaciones que heredan los peores hábitos de sus predecesores, porque las nuevas generaciones sólo parecen querer quedarse con los peores y más mundanos aspectos de sus mayores, que implementan con las peores intenciones. Unas intenciones que hacen de Doña Clara una película raramente violenta, aunque no muestre una sola pelea.

En Doña Clara la violencia no está en los actos, sino en las intenciones, en la provocación, en el conflicto provocado por el desprecio al otro, en el dolor producido por la falta de respeto, por la total y completa indiferencia ante una legítima decisión personal. Lo que se agradece es que Doña Clara sea una película profunda en su contenido, pero suave y liviana en su exposición, porque de la misma manera que su protagonista vive su vida, con tranquilidad y disfrutando cada momento, así es como nos permite Kleber Mendonça Filho degustar su relato, que avanza al suave ritmo de la bossa nova, pero con la fuerza y la determinación que Sonia Braga imprime a un personaje que representa a la perfección las ganas de vivir y de disfrutar de cada instante que la vida nos regala.

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