«El fundador»: siempre es mejor pedir prestado y no devolver que robar directamente

Cartel de El fundador (The founder, John Lee Hancock, 2016, EE.UU.)
Cartel de El fundador (The founder, John Lee Hancock, 2016, EE.UU.)

Título original: The founder
Año: 2016
País: EE.UU.
Dirección: John Lee Hancock
Guion: Robert D. Siegel
Producción: Don Handfield & Aaron Ryder
Fotografía: John Schwartzman
Montaje: Robert Frazen
Música: Carter Burwell
Diseño de producción: Michael Corenblith
Decorados: Susan Benjamin
Vestuario: Daniel Orlandi
Reparto: Michael Keaton, Nick Offerman, John Carroll Lynch, Linda Cardellini, B.J. Novak, Laura Dern, Justin Randell Brokke, Kate Kneeland, Patrick Wilson, Griff Furst, Wilbur Fitzgerald, David de Vries, Andrew Benator, Cara Mantella, Randall Taylor, Lacey King, Jeremy Madden, Rebecca Ray, Adam Rosenberg, Jacinte Blankenship, Charles Green, David Silverman, Mike Pniewski, Catherine Dyer, Susan Williams, Franco Castan, Kenny Alfonso, Kabby Borders, Nicolette Goetz, Lauren Denham, Abbey Ferrell, Mathias Alvarez, Victor McCay, Steve Coulter, Ric Reitz, Joy Glover Walters, Makabe Ganey,Jody Thompson, Chris Greene, Kimberly Banta, Devon Ogden, Gerald Duckworth, Jen Cohen, David Zyler, Joe Sanfelippo…

En primera instancia, reconozco que me interesaba bien poco la historia del fundado de una compañía como McDonalds, asociada, no ya a la comida rápida, sino al veneno, al consumismo voraz que permite a compañías que se dedican a la alimentación el uso de cualquier producto artificial como sustitutivo de la auténtica comida, con la mera condición de que sea apto para el consumo humano. Que sea apto, no quiere decir que sea saludable, de la misma manera que a algunos nos parece, cuanto menos, raro llamar restaurante a un establecimiento que se limita a vender hamburguesas. Pero ahí radica, precisamente, la habilidad del que fuera guionista de El luchador (The wrestler, Darren Aronofsky, 2008, Francia & EE.UU.), Robert D. Siegel, para quien la historia del fundador de McDonalds como la empresa que conocemos hoy en día es el pretexto para mostrar las luces y las sombras del neoliberalismo salvaje en los años 50, precedente insólito de las prácticas de Ronald Reagan, que tan buenas amigas haría después con este fundador descarado y embaucador.

No deja de ser curioso que los hermanos Joel y Ethan Coen estuvieran a punto de dirigir una película que habría encajado perfectamente en su filmografía, aunque ellos le hubieran dado, con toda probabilidad, un tono más melancólico y menos político que John Lee Hancock, un cineasta claramente republicano, lo que no deja de ser una excentricidad en la industria cinematográfica, tradicionalmente de signo político contrario, al menos entre sus filas más creativas, que no probablemente entre los productores. De hecho, una de sus cualidades parece ser la de mostrar de una manera amable a personajes republicanos, como consigue en Un sueño imposible (The blind side, 2009, EE.UU.) o en Al encuentro de Mr. Banks (Saving Mr. Banks, Reino Unido, Australia & EE.UU.). En este caso, lo cierto es que hay un punto en que incluso consigue hacer simpático a un vendedor ambulante que se convierte en magnate financiero de una empresa alimenticia sin siquiera saber hacer una sencilla hamburguesa, desplazando a los verdaderos artífices del perfeccionamiento de un método de organización que acelera el proceso de preparación de una comida para llevar.

Efectivamente, las ideas de Ray Kroc son tan revolucionarias en los años 50 como lo es la cocina de sus socios. Inicialmente parece darse cuenta de que el perfil de inversores que necesita no es gente adinerada, sino personas trabajadoras, sin menospreciar a la mujer por el hombre, y potenciando un negocio familiar dirigido a un público igualmente familiar. Pero en el momento en que entra en juego el dinero, se acaban las ideas y comienza la escabechina. Lo más triste no es lo que consigue, sino que todos aquellos que le ayudan a conseguir su objetivo, son conscientes de que lo hace a costa de los auténticos responsables del éxito de su empresa, quizás por eso tenga la necesidad de cortar él mismo con su pasado y formar una nueva vida en otro círculo social y hasta con otra esposa. Pocas veces una historia de éxito y superación fue más triste que la del fundador de McDonalds, porque a la vez es también la del fracaso de la responsabilidad, la del hundimiento de una pareja de hermanos consagrados, ellos sí, a hacer feliz a la gente, por encima de las ganancias económicas. El neoliberalismo salvaje defendido actualmente por líderes como Donald Trump o Esperanza Aguirre es el que defiende que todo vale mientras lo hagas de una manera legal (o sin que te pillen), sin importar que aunque consigues tu propósito gracias a tu ingenio, indudablemente, también lo haces a costa del trabajo de otros a los que sumergen en la quiebra y el olvido, porque no saben o no quieren hacerlo mal, aunque sea perfectamente legal.

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