Rey Arturo: la leyenda de Excálibur (King Arthur: the legend of the sword, Guy Ritchie, 2017, Reino Unido & EE.UU.)

«Rey Arturo: la leyenda de Excálibur»: pretender ir de mago cuando sólo llegas a alquimista

Cartel de Rey Arturo: la leyenda de Excálibur (Guy Ritchie, 2017, Reino Unido & EE.UU.)
Cartel de Rey Arturo: la leyenda de Excálibur (Guy Ritchie, 2017, Reino Unido & EE.UU.)

Título original: King Arthur: legend of the sword
Año: 2017
País: EE.UU.
Dirección: Guy Ritchie
Guion: Joby Harold, Guy Ritchie & Lionel Wigram, según una idea de David Dobkin & Joby Harold
Producción: Steve Clark-Hall, Akiva Goldsman, Joby Harold, Guy Ritchie, Tory Tunnell & Lionel Wigram
Cinematografía: John Mathieson
Montaje: James Herbert
Música: Daniel Pemberton
Diseño de producción: Gemma Jackson
Dirección artística: Thomas Brown, Anthony Caron-Delion, Oliver Carroll, James Collins, Luke Hull, Luigi Marchione, Andrew Palmer, Denis Schnegg, Hayley Easton Street & Georgia Warner
Decorados: Tina Jones
Vestuario: Annie Symons
Reparto: Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsou, Eric Bana, Aidan Gillen, Freddie Fox, Craig McGinlay, Tom Wu, Kingsley Ben-Adir, Neil Maskell, Annbelle Wallis, Zac Barker, Oliver Barker, Geoff Bell, Poppy Delevigne, Millie Brady, Nicola Wren, Will Coban, Bleu Landau, Jacqui Ainsley, Lorraine Bruce, Georgia Campbell, Rob Knighton, Michael Hadley, David Beckham, Katie McGrath, Alan Turkington, Peter Ferdinando, Michael McElhatton, Mikael Persbrandt, Max Rogers, Charlie Rawes, James Warren, Ellie Graham, Robbie Carpenter, Eline Powell, Hermione Corfield, Philip Ball, Henry Faber, Javan Hirst, Kalle HEnnie, Mark Epstein, Peter Guinness, Mark Umbers, Adrian Bouchet, Florence Bell, Anna Brooks Beckman, Cordelia Bugeja, Fergal McElherron, Rebecca Calder, Bodhi Fox Keene, Yannik Baker, Hugh Robb, Barney Walsh, Kamil Lemieszewski, Henry W. Smith, Malique Thompson-Dwyer, Cole Wealleans-Watts, James Anderson, Justin Aves…

Por un lado, está el rechazo a tener que volver ver otra vez la misma historia realzada, revestida y revitalizada pero, por otro, la sorpresa de encontrarte con un relato completamente diferente a lo que esperabas, que se desarrolla de otra manera y evoluciona despreciando con respeto a sus precedentes. Una efímera sensación que no sucumbe precisamente por culpa de la obviedad de las citas, sino por su falta de conexión a la hora de aglutinar las múltiples referencias que hasta el espectador más despistado es capaz de identificar. Aparte del hecho de que Kit Harington fuera propuesto para interpretar a Arturo antes que Charlie Hunnam, lo más fácil sería echar la culpa a Juego de tronos (Game of thrones, David Benioff & D.B. Weiss, 2011, Reino Unido & EE.UU.), porque lo cierto es que la serie basada en las novelas de George R.R. Martin sólo es culpable de haber tenido un éxito extraordinario que, claramente, algunos aspiran a repetir en el cine.

La culpa la tienen realmente los cineastas carentes de personalidad, esos que aunque sí pueden haber desarrollado su propia identidad estética, nunca podremos hablar de que tenga un auténtico sello personal. Parásitos artísticos que se alimentan de las ideas de otros para construir su propia obra, llevándosela a un terreno fangoso en el que corren el peligro de hundirse como si de arenas movedizas se tratara. En el caso de la película de Guy Ritchie, que aspira a ser la primera de una serie cinematográfica, ni siquiera se trata realmente de aportar sus señas de identidad, sino de repetir los rasgos de estilo que inundan una filmografía creada a base de remakes, reboots y vueltas de una tuerca demasiado pasada de rosca.

Rey Arturo: la leyenda de Excálibur no es una nueva versión de la obra de Thomas Malory —a quien ni se molestan en citar en los títulos de crédito—, sino de un intento de actualizar la fascinante Excalibur (John Boorman, 1981, Reino Unido & EE.UU.), revistiéndola con la estética de Juego de tronos —que no con su brutalidad y su sexualidad—, maquillándola con la onda de El señor de los anillos —la trilogía de Peter Jackson, que no la cautivadora versión de animación de Ralph Bakshi ni mucho menos la fuerza de los personajes creados por J.R.R. Tolkien—, peinándola a la manera de la serie cinematográfica de Harry Potter —más en lo que tiene que ver con Lord Voldemort que con el joven mago, ni tampoco con el carisma de los demás personajes creados por J.K. Rowling—, y enjoyándola con broches en forma de guiños a títulos como El señor de las bestias (The beastmaster, Don Coscarelli, 1982, Alemania Occidental y EE.UU.), Tigre y dragón (Wo hu cang long, Ang Lee, 2000, Taiwán, Hong Kong, China & EE.UU.y hasta Terciopelo azul (Blue velvet, David Lynch, 1987).

Si bien el conjunto podría haber terminando siendo estimulante, a pesar de todo —y estando convencido de que consigue algunas secuencias realmente emocionantes— Ritchie fracasa tanto a la hora de ofrecer una mesa redonda a la altura de la sala de mando de la nave USS Enterprise en Star Trek —por aquello de la diversidad étnica, que no de género y mucho menos de diversidad sexual, que esta es una obra muy macha—, como, sobre todo, al intentar desarrollar el único aspecto verdaderamente interesante de su relato, como es la retroalimentación que se produce entre Arturo y Vortigern y de cómo las acciones de uno le hacen responsable del crecimiento personal del otro y viceversa. Un planteamiento que Ritchie termina por revelar por los propios personajes, colocando de esta manera su película al nivel intelectual del cine infantil, como si no fuera otra cosa que una simple fábula —pudiendo haber sido una fábula compleja—, que además incluye una moraleja que llega a ser aclarada por los propios personajes, a pesar de que algunos espectadores serán capaces de llegar a esa misma conclusión antes incluso de que comience la secuencia de créditos inicial. Por eso me atrevo a declarar sin ningún reparo que Guy Ritchie puede ser un curioso, simpático y hasta homoerótico alquimista —aunque ni él mismo tenga conciencia de este curioso aspecto—, pero que nunca conseguirá llega a ser un auténtico mago cinematográfico, como sí lo son algunos de los propios responsables de sus influencias directas o incluso los autores de los libros en los que se basan, que no parece haber leído.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s