Las mejores adaptaciones de La guerra de los mundos

Correspondencias entre formatos: las mejores adaptaciones de «La guerra de los mundos»

Publicada originalmente en 1898, La guerra de los mundos no sólo es la primera invasión extraterrestre de la ciencia ficción literaria, sino que supone tanto una crítica a la infame afición por el colonialismo de unas culturas sobre otras, como a la sangrienta relación del ser humano con otras criaturas con las que convive en el mismo planeta. Responsable del uso del término marciano para definir a las criaturas procedentes de Marte, también se puede considerar a H.G. Wells como el responsable del doble significado de alien en inglés, utilizado posteriormente a su novela para referirse a las personas extranjeras. La influencia de la novela de Wells se extiende a formatos tan dispares como el cine, la radio, el cómic, la música y la televisión.

Orson Welles conquista Hollywood a través de la radio

Con sólo 24 años de edad, Orson Welles consigue un privilegiado contrato para dirigir su primera película en Hollywood gracias a la enorme repercusión que había tenido su adaptación radiofónica de La guerra de los mundos. Emitida por CBS el 30 de octubre de 1938, y con la colaboración del Mercury Theatre, se trata de la primera de las adaptaciones de la obra de H.G. Wells, una narración en forma de noticiario con la que consigue provocar el pánico entre quienes conectan con la emisión sin haber escuchado la introducción en la que se advierte de que se trata de una ficción, y antes de que vuelvan a advertirlo después de cuarenta minutos. Aclaraciones que de nada sirven cuando provocan situaciones de pánico como aquella que se muestra en Días de radio (Radio days, Woody Allen, 1987, EE.UU.).

No sería la única vez que se produce tal fenómeno de histeria colectiva. Una nueva emisión de la adaptación radiofónica, a través de Radio Quito, el 12 de febrero de 1949, repite exactamente el mismo resultado en Chile, con la diferencia de que, primero: la intención del director del programa era, efectivamente, la de hacer creer al espectador que una invasión alienígena estaba realmente sucediendo; y segundo: la reacción fue realmente devastadora al producirse varios suicidios entre personas que fueron presas del pánico y violentos altercados ante el edificio donde se había realizado la polémica emisión, que incluso llevaron a la muerte de cinco personas a causa de un incendio fortuito como consecuencia de los actos vandálicos.

George Pal tras los pasos de Cecil B. DeMille

Paramount Pictures adquiere los derechos de adaptación de la novela de Wells en 1924, siendo Cecil B. De Mille el primer director asignado al proyecto. Si posteriormente Alfred Hitchcock estaría detrás del proyecto para hacer una versión en 1930, y Orson Welles rechazaría hacer de esta su primera película tras el extraordinario éxito de su emisión radiofónica, sería finalmente George Pal quien se hace con el control absoluto del proyecto tras haber participado en títulos como Con destino a la luna (Destination moon, Irving Pitchel, 1950, EE.UU.) y Cuando los mundos chocan (When worlds collide, Rudolph Maté, 1951, EE.UU.), aunque finalmente es Byron Haskin el encargado de dirigir la película, con la aprobación del propio Cecil B. DeMille.

A pesar del punto más o menos religioso de la película, siendo Wells completamente agnóstico, los herederos del legado de Wells quedan tan satisfechos con la adaptación, que ofrecen a Pal escoger otra obra del autor británico para trasladar a la pantalla, encargándose él mismo finalmente de dirigir El tiempo en sus manos (The time machine, George Pal, 1960, EE.UU.). De la misma manera, Haskin propone sólo un año después lo que podríamos considerar como el anverso de esta invasión en La conquista del espacio (Conquest of space, Byron Haskin, 1954, EE.UU.), contando nuevamente con la pluma de Barré Lyndon para adaptar ahora la novela de Willy Ley y Chesley Bonestell, en una película que ya de paso sirve como inspiración a Stanley Kubrick para su 2001: una odisea del espacio (2001: a space odyssey, Stanley Kubrick, 1968, Reino Unido & EE.UU.).

Como reconocimiento a la contribución de DeMille al proyecto, Geroge Pal le hace un guiño al mostrar la marquesina de un cine con los carteles de Sansón y Dalila (Samson and Delilah, Cecil B. DeMille, 1949, EE.UU.), después de que declinara poner la voz al narrador de la película. Asimismo, también rinde homenaje a Orson Welles al mostrar a Paul Freed realizando la misma emisión radiofónica que tanto pánico habría causado en 1938, además de contar con algunos de sus actores originales como testigos de la aparición de las primeras naves extraterrestres. Naves que Pal intenta mostrar originalmente tal y como son descritas en la novela, pero tras ser disuadido por un técnico de las fuerzas armadas de que artilugios de este diseño podrían ser perfectamente abatidos en 1950, Albert Nozaki se encarga de diseñar naves voladoras inspirándose en los movimientos de cisnes, mantas raya y serpientes cobra. Del presupuesto de 2 millones de dólares, casi un millón y medio sería destinado a los efectos especiales, siendo a fecha de hoy la versión más digna de la novela original.

Jeff Wayne conquista el vinilo… y el videojuego

Con las voces de Richard Burton, el vocalista y guitarrista de The Moody Blues, Justin Hayward, y el líder de la banda Thin Lizzy, Phil Lynott, tras dos años de grabación, en 1978 se publica Jeff Wayne’s Musical Version of The war of the worlds, un ambicioso álbum conceptual de rock progresivo con orquesta de cuerda que viene acompañado de un libreto con una serie de ilustraciones que permiten seguir el desarrollo de un relato ligeramente diferente a la novela de Wells, pero que no traicionan en absoluto su espíritu, siendo la única de las adaptaciones que se desarrolla en el siglo XIX en el Reino Unido. Con letras de Gary Osborne, algunos de los temas llegan a ser publicados también en forma de sencillo, como The eve of the war, The red weed, Horse common and the heat ray, Dead London o Forever Autum, a cuya letra contribuye Paul Vigrass, que se alza hasta el número cinco en el Reino Unido. El éxito es tal que se publican sendas versiones para el mercado latinoamericano y para el español, contando la primera con la voz de Anthony Queen y con la del locutor Teófilo Martínez la segunda.

Más que la novela, es el álbum de Jeff Wayne lo que GT Interactive adapta para un videojuego de estrategia en tiempo real en 1998. Lo original es que permite al usuario vivir la aventura en primera persona tanto desde el punto de vista de un marciano que invade la Tierra,  como la de un terrícola que se defiende de los invasores, teniendo además una banda sonora en clave electrónica realizada por el propio Wayne. Pionero en el uso de gráficos 3D, es posteriormente desarrollado para PlayStation en la que sería la tercera versión, dado que anteriormente, en 1981, ya habría aparecido un primer videojuego basado en el relato de Wells. En los albores del sigo XXI, tres años después del relanzamiento de un álbum con los mejores temas de Waynne, se publica también una colección de remixes de los temas originales más algunas de las canciones utilizadas en el videojuego. Coge su nombre en alusión al grito característico de los marcianos, ULLAduULLA The remix album, cuenta con la colaboración de Todd Terry o Apollo 440, y sería relanzado cinco años después en una versión ampliada.

Greg Strangis lleva la invasión a la pequeña pantalla

Treinta y cinco años después de la primera invasión cinematográfica y tras el éxito de las numerosas aventuras intergalácticas que nos traerían los años ochenta, Greg Strangis retoma el legado de George Pal para, con alguna pequeña modificación, continuar su aventura con alguna ligera modificación en una serie para la televisión, La guerra de los mundos II: la nueva generación (War of the worlds, Greg Strangis, 1988-1990, EE.UU.), que se extiende a lo largo de dos temporadas y que del reparto original tan sólo cuenta con la presencia de Ann Robinson, que repite en el mismo personaje.

En lugar de fallecer por causa de los gérmenes terrícolas, los extraterrestres entran en un largo período de hibernación que el gobierno estadounidense aprovecha para estudiar estas formas de vida que ahora resulta que o habían venido de Marte, sino de la constelación Taurus. Consiguen hacer creer a la población que la invasión nunca ha tenido lugar a base de la habitual campaña de propaganda y la ayuda de una insólita amnesia selectiva que desarrollan los terrícolas, pero tras la intervención de un grupo de terroristas, destruyen las bacterias que mantienen en animación suspendida a los alienígenas, que pasan a ocupar los cuerpos de los terroristas, iniciando una nueva estrategia de invasión, curiosamente más cercana a la de Invasores de Marte, de la que comento más adelante.

Otra invasión extraterrestre se había producido en la televisión unos años antes, la de V (Kenneth Johnson, 1983, EE.UU.), más cercana a la serie literaria de Harry TurtledoveWorldwar, en el sentido en el que pretende ser una alegoría de la Segunda Guerra Mundial, pero que le hace un guiño a la obra de Wells al presentar a los invasores como criaturas que llegan a nuestro planeta en busca de la materia prima básica en su cadena de alimentación, de la misma manera que los humanos hacemos con cualquier otra firma de vida en nuestro planeta.

Steven Spielberg no conquista nada con Tom Cruise

No deja de ser curioso que la serie de Strangis hiciera un guiño a Steven Spielberg al colocar las naves extraterrestres de la película de Haskin en aquel hangar en el que termina el arca de En busca del arca perdida (Riders of the lost ark, Steven Spielberg, EE.UU.). Si bien en películas como Encuentros en la tercera fase (Close encounters of the third kind, Steven Spielberg, 1977, EE.UU.) y E.T.: el extraterrestre (E.T., Steven Spielberg, 1982, EE.UU.), el cineasta de Cincinnatti estableciera una relación amistosa con los seres que vienen de otro planeta, parecía obligado que terminara por hacer su propia versión de la novela de Wells.

Estrenada en 2005, la película termina siendo más un vehículo para Tom Cruise que la obra que podíamos esperar del que antaño fuera denominado rey Midas de Hollywood. La acción se desarrolla nuevamente en los Estados Unidos, en la actualidad, centrándose en un padre y su intento desesperado por proteger a sus hijos, que su exmujer le acaba de entregar, dejando claro que no sólo le ha decepcionado como marido, sino también como padre. De esta manera, la trama principal de la película acaba siendo demostrar lo buen padre que puede llegar a ser, incluso en un entorno como el de una invasión extraterrestre. Además de la expansión del color rojo que los extraterrestres dejan a su paso, recupera una versión de un personaje no incluido en las adaptaciones anteriores, el del charlatán de la novela que está dispuesto a crear un espacio seguro para aquellos que se quieran preservar la humanidad bajo tierra.

Rizando el rizo, el que fuera uno de los ciclistas de E.T., C. Thomas Howell, se anima a dirigir una secuela (no autorizada) de la película, La guerra de los mundos 2 (The war of the worlds 2: the next wave, C. Thomas Howell, 2008, EE.UU.), que también protagoniza, pero que está producida por la infame productora de subcine Z, The Asylum, resultando una obra que ni siquiera tiene el encanto kitsch de las producciones de bajo presupuesto que tanto proliferaran en los años cincuenta.

La animación también se apunta a la guerra

Una de las obras más desconocidas, aunque peculiares, adaptaciones de La guerra de los mundos quizás sea War of the Worlds: Goliath (Joe Pearson, 2012, Malasia, Japón & EE.UU.), que se presenta como secuela de la novela original de Wells, desarrollándose sólo 15 años después de la primera invasión en Nueva York, un tiempo distópico en el que la Tierra se ha unido contra el enemigo del espacio exterior. Quizás una obra que no esté a la altura del standar de grandes productoras como Pixar o Dreamworks, pero que destila emoción y sentimiento por todos sus poros.

 

Una secuela autorizada y otras invasiones aprovechadas

El 31 de diciembre de 2016 expiraban los derechos de autor de La guerra de los mundos, lo que permite a Stephen Baxter publicar una secuela oficial, autorizada por los herederos de Wells, The massacre of mankind (La masacre de la humanidad), que se desarrolla 14 años después de la novela de Wells y en la que los marcianos contraatacan mucho mejor preparados.

Pero el legado de esta obra pionera de la ciencia ficción literaria no se limita solamente a las adaptaciones oficiales, sino que muchas son las obras inspiradas, en mayor o menor medida, en la que fuera la primera invasión marciana. Sin duda el caso Roswell dispara la fiebre por los extraterrestres, por lo que no parece justo atribuir a Wells la influencia de las innumerables invasiones que llegan en los años cincuenta, pero no se puede pasar por alto la que dirige William Cameron Menzies, quien ya había adaptado a Wells en La vida futura (Things to come, William Cameron Menzies, 1936, Reino Unido) y si bien hace más explícito el origen de los extraterrestres al llamar a su película Invasores de Marte (Invaders from Mars, William Cameron Menzies, 1953, EE.UU.), les resta la espectacularidad de la llegada en naves espaciales para instalarse de una manera mucho más siniestra y morbosa al apoderarse de la mente de sus receptores, en lo que podría ser una idea cogida de un relato de Ray Bradbury, que precisamente sería adaptado al cine ese mismo año en Llegó del más allá (It came from outer space, Jack Arnold, 1953, EE.UU.). Poco más de tres décadas después se estrena un nada desdeñable remake de la mano de Tobe Hooper, Invasores de Marte, (Invaders from Mars, 1986, EE.UU.), y algo más de una década después llega la estimulante The Faculty (Robert Rodriguez, 1998, EE.UU.), en la que esta invasión psicológica se produce en el entorno de un instituto de enseñanza secundaria.

The war of the worlds: the next generation (Wojna swiatów – nastepne stuleciePiotr Szulkin, 1981, Polonia) debe ser una de las aportaciones más excéntricas del legado de Wells. Se desarrolla en un futuro 1999 en el que un periodista intenta difundir la noticia de una invasión de marcianos de la que ha sido testigo, pero que el público está convencido se trata de una ficción como la de Orson Welles. Si bien el gobierno afirma públicamente que el periodista ha perdido la cabeza, lo cierto es que sabe que está diciendo la verdad.

Dos invasiones coinciden en cartelera en 1996, Independence day (Roland Emmerich, 1996, EE.UU.) y Mars attack! (Tim Burton, 1996, EE.UU.), que si bien son muy diferentes entre sí en forma y fondo, también guardan algún que otro vínculo explícito con la obra de Wells. En la primera los extraterrestres ya no vienen de Marte, sino de mucho más lejos, aparte de que recoge la influencia de un sinfín de películas de ciencia ficción de los años setenta y ochenta, pero que vuelve a recurrir a un virus para terminar con la amenaza, si bien aquí no está producido por una bacteria, por un germen, sino que se trata de un (improbable) virus informático. La segunda recupera el origen marciano de los invasores, recupera el estilo visual de las producciones de bajo presupuesto de los cincuenta, además del rayo catódico, consiguiendo eliminar al enemigo no con un virus, pero tampoco con un arma, pero sí con algo insignificante para los seres humanos y descubierto por absoluta casualidad, como es la canción Indian love call, interpretado por Slim Whitman, no aclarando si podría suceder igualmente con cualquier otro tema de música country.

 

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