Rutger Hauer es Roy Batty en Blade Runner (Ridley Scott, 1982, Reino Unido, Hong Kong & EE.UU.)

Todas las adaptaciones (no acreditadas) de Philip K. Dick en el cine y la televisión

Muchos de los cineastas que se rasgan las vestiduras defendiendo los derechos de autor, demonizando internet y el uso que miles de usuarios que hacen de él, serían incapaces de reconocer a quién han robado realmente sus mejores ideas, que camuflan en lo que ellos denominan «homenajes» cuando deberían llamarlos, simple y llanamente, auténticos plagios. ¿O es que alguien ha pedido permiso a los herederos de Philip K. Dick para robar sus ideas y utilizar su particular manera de entender al ser humano y otras formas de vida, la religión y otras vías de buscar sentido a la vida, la tecnología y su influencia en el planeta? Es posible que no todas las obras aquí citadas sean versiones no acreditadas del novelista de Chicago, pero todas ellas comparten sus inequívocas señas de identidad en mayor o menor medida. Tampoco he incluido otras tantas que están basadas en novelas de otros autores, quienes indudablemente hacen lo mismo que muchos de estos cineastas, pero para escribir sus novelas. Aunque lo que más vergonzoso me parece es que en ninguna de estas películas tengan el tacto de aludir ni siquiera en los agradecimientos a su auténtica fuente de inspiración, como únicamente hacen los responsables de títulos menores, pero al menos responsables, como 15  till midnight (Wolfgang Meyer, 2010, EE.UU.) y Virtual revolution (Guy-Roger Duvert, 2016, Francia & EE.UU.).

Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979, Reino Unido & EE.UU.)

Espero sepáis perdonar mi doble atrevimiento, tanto por afirmar que la famosa película dirigida por Ridley Scott no es más que un remake sin acreditar de Planeta sangriento (Queen of blood, Curtis Harrington, 1966, EE.UU.), como que completa su influencia con Laberinto de muerte, una de las novelas de Philip K. Dick más vapuleadas, cuya premisa se utiliza en sentido inverso, es decir, no son un grupo que llega por separado a un planeta desconocido sin saber cuál es su misión, sino un equipo que responden a una llamada anónima de un planeta desconocido sin saber que están en una misión. ¡Qué casualidad que Ridley Scott hiciera Alien justo antes de hacer Blade Runner! Pero lo cierto es que si el cineasta británico ni siquiera llegó a leerse la novela de las ovejas eléctricas, tampoco es justo señalarle a él como responsable del plagios, si acaso del guiño a Joseph Conrad bautizando la nave como Nostromo. No me cabe ninguna duda sobre la responsabilidad de Ronald Shusett y Dan O’Bannon en este caso, quienes se embarcarían posteriormente junto en el guion de Desafío total, reincidiendo igualmente ambos por separado. Si posteriormente se embarcan juntos en el guion de Desafío total, el primero reincide con las señas de identidad de Dick en Muertos y enterrados (Dead & buried, Gary Sherman, 1981, EE.UU.) y más explícitamente en Freejack: sin identidad (FreejackGeoff Murphy, 1992, EE.UU.) —de los mismos productores de Alien y Desafío total—, aunque fuera una adaptación de una novela de Robert Sheckley, siendo además productor ejecutivo de Minority Report; mientras que el segundo se anticipa de alguna manera a RoboCop con El trueno azul (Blue thunder, John Badham, 1983, EE.UU.), para reincidir explícitamente con Dick con Asesinos cibernéticos, precisamente protagonizada por Peter Weller.

Los héroes del tiempo (Time bandits, Terry Gilliam, 1981, Reino Unido)

Breve, muy breve es un relato como Equipo de ajuste, pero que de la misma manera que da para hacer una película tan lograda como Destino oculto (The adjustment bureau, George Nolfi, 2011, EE.UU.), podría perfectamente haber servido de inspiración a Terry Gilliam y Michael Palin para desarrollar la peculiar manera en la que este grupo de ladrones aficionados se dedican a buscar los objetos más valiosos de la historia de la humanidad a través del tiempo, en lugar de arreglar la imperfecta obra del ser supremo.

Space Adventure Cobra (Osamu Dezaki, 1982, Japón)

Podemos recordarlo por ti al por mayor es el relato del que parte Buichi Terasawa para crear en 1978 un manga que sería adaptado en una serie de animación que se extiende a lo largo de 31 capítulos.

Videodrome (David Cronenberg, 1983, Canadá)

«Muerte a Videodrome. Larga vida a la carne nueva» es el eslogan que se repite en esta fascinante película de David Cronenberg, perfectamente equivalente al «Dios promete la vida eterna. Nosotros la damos» con el que se comercializa la droga que consumen en Los tres estigmas de Palmer Eldritch. Al menos el cineasta canadiense sabe cómo llevarse a su propio terreno las paranoias de Philip K. Dick, lo que resta importancia a su supuesta apropiación de material ajeno.

Terminator (The terminator, James Cameron, 1984, EE.UU.)

Es oficial, James Cameron no ha hecho una cosa original en toda su vida. Cuando no triunfa con una secuela o un remake, lo hace robando ideas de auténticos autores. Si detrás de Avatar (2009, EE.UU.) podemos encontrar el fascinante legado de Frank Herbert, resulta que su primer gran éxito no es otra cosa que una adaptación de un breve relato, El mundo de Jon, en el que un grupo de científicos vuelve al pasado para exterminar al causante de la decadencia del futuro. La única incorporación de Cameron y Gale Ann Hurd son los androides —muy de Philip K. Dick, por otro lado— y que el viaje es iniciado por las máquinas para evitar el nacimiento de quien les conducirá hasta su derrota. Por cierto que The Halcyon Company, responsable de desarrollar la saga de Terminator, anuncia en 2009 su intención de adaptar otra obra de Dick, Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, que había adquirido en 2007, aunque por el momento sigue siendo tan sólo un proyecto que nadie se atreve a dirigir.

Pesadilla en Elm Street (A nightmare on Elm street, Wes Craven, 1984, EE.UU.)

En una carrera llena de títulos sobrevalorados, quizás no resulte descabellado pensar que Wes Craven debe su mayor éxito a una obra que traslada al terror una de las obsesiones de Philip K. Dick, aquella en la que no sabes distinguir si estás en un sueño o es el sueño el que se ha vuelto real. Si piensas que esta referencia está cogida por los pelos, te recuerdo que algunos de los relatos de Dick están muy cerca del surrealismo terrorífico, lo que Dan O’Bannon ya explorara en Muertos y enterrados.

Brazil (Terry Gilliam, 1985, Reino Unido)

Los héroes del tiempo, Brazil y Las aventuras del Barón Munchausen, forman la denominada trilogía de la imaginación en la que Gilliam refleja la huída del orden social establecido por arte de sus protagonistas. En el caso de Brazil, es indudable la fuerte influencia de George Orwell y su 1984, pero también podemos encontrar vínculos con una de las novelas más vapuleadas de Dick, Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, sobre un artista que se despierta un día sin identidad, sin ningún registro suyo en las extensas bases de datos del gobierno, al que sus amigos y seguidores recuerdan si quiera, justamente lo que busca Sam Lowry para poder así desaparecer con la mujer de sus sueños.

Morning patrol (Proini peripolos, Nikos Nikolaidis, 1987, Grecia)

A pesar de que sea oficialmente una adaptación de una novela de Daphne Du Maurier, también se puede encontrar en esta peculiar película griega vínculos con obras de Raymond Chandler y Herman Rauchner a través del periplo de una mujer por encontrar un espacio seguro en un futuro apocalíptico en el que se pueden reconocer varios diálogos de diferentes obras de Philip K. Dick.

RoboCop (Paul Verhoeven, 1987, EE.UU.)

Antes de involucrarse de lleno con el universo de Philip K. Dick en Desafío total, Paul Verhoeven irrumpe en el cine estadounidense con un guion de Michael Miner y Edward Neumeier, en el que una corporación, perfectamente equivalente a Tyrell, pone en funcionamiento un cyborg para el que han integrado implantes humanos de un policía herido en acto de servicio. Cierto que Murphy se había ofrecido voluntario, pero sin ser consciente de las consecuencias a las que se estaba exponiendo. Con lo que no cuentan es con que sus recuerdos permanezcan en su subconsciente, para decepción de los directivos de OCP. Tan sólo Mier y Neumeier están ligados a las sucesivas secuelas y series de televisión del robot-hombre-policía, lo que hace de ellos a los auténticos responsables de evadir los derechos de autor, reincidiendo ambos en el remake homónimo que José Padilha dirige en 2014.

Soldado universal (Universal Soldier, Roland Emmerich, 1992, EE.UU.)

Un cineasta tan tramposo, aunque personal de alguna manera, como Roland Emmerich no podía faltar en esta lista, en la que quizá podríamos incluir alguna más de sus películas, pero que es posible la más evidente sea Soldado universal, en la que el ejército decide reutilizar los cuerpos de sus soldados más letales para revivirlos en forma de robots, con la fatalidad de que se traen con sigo sus recuerdos, pareciendo hasta un remake de RoboCop en clave militar.

Ghost in the Shell (Kôkaku Kidôtai, Mamoru Oshii, 1995, Japón & Reino Unido)

Ubicada en un espacio temporal entre el primer y el segundo Blade Runner, la teniente Kusanagi Motoko es incapaz de saber si es un humano con implantes electrónicos o es un robot con implantes humanos en el manga creado por Masamure Shirow en 1989, que tendría después múltiples vidas gracias, sobre todo, la extraordinaria película de Mamoru Oshii, que ha servido de inspiración tanto a James Cameron como a las hermanas Wachowski. Además de una no menos extraordinaria secuela, Ghost in the shell 2: innocence (Innocence, Mamoru Oshii, 2004, Japón) y algunas revisiones cinematográficas más, así como una fructífera saga televisiva, que comienza con Ghost in the Shell: Stand Alone Complex (2002), el manga original revive de nuevo en un correcto remake estadounidense en imagen real dirigido por Rupert Sanders, que no consigue alcanzar ni de lejos los niveles emocionales de sus predecesoras.

Doce monos (Twelve monkeys, Terry Gilliam, 1995, EE.UU.)

Dios (o alguien) los cría y ellos se juntan, es lo que pasa en esta película del reincidente Gilliam, que recurre al que fuera uno de los guionistas de Blade Runner, David Webb Peoples, para convertir en largometraje el maravilloso e inquietante cortometraje de Chirs Marker, El muelle (La jetée, 1962, Francia), ya de por sí impregnado por las obsesiones y paranoias de Dick. Una interesante propuesta que es extendida en una serie de televisión, 12 monkeys (Travis Fickett & Terry Matalas, 2015, EE.UU.), con Gilliam ya totalmente desvinculado.

Días extraños (Strange days, Kathryn Bigelow, 1995, EE.UU.)

El hecho de que James Cameron sea el guionista de Días extraños, explica por sí mismo que la que quizás sea la más interesante película de Kathryn Bigelow, parezca realmente una adaptación de cualquier novela de Philip K. Dick, que no por casualidad dicen aquello de «lo importante no es estar paranoico, sino si se está lo bastante paranoico».

Gattaca (Andrew Niccol, 1997, EE.UU.)

¿Por qué no te gustan tanto otras películas de Andrew Niccol como Gattaca? Quizás sea porque ésta es la que con más evidencia recurre al universo de Philip K. Dick al ubicar a sus personajes en un entorno radicalmente diferente al de Sueñan los androides con ovejas eléctricas, pero en el que también los humanos se someten a un estricto control genético que los cualifica para acceder a el espacio exterior. Una obra que también guarda vínculos con Aldous Huxley o William Gibson, pero que no es la única de Niccol que nos remite al universo de Dick.

The game (David Fincher, 1997, EE.UU.)

Si Seven (Se7en, David Fincher, 1995, EE.UU.) nos remite indirectamente a Philip K. Dick a través de la descarada influencia estética de Blade Runner (Ridley Scott, 1982, EE.UU.), después de haber dirigido una de las más infames secuelas de Alien (Ridley Scott, 1979, EE.UU.), con su tercera película, The game, Fincher parece inspirarse directamente en Laberinto de muerte para arrastrar a su protagonista en un improbable periplo en el que termina siendo víctima de la paranoia, cuestionando el origen de todo lo que le sucede. Algunos pretenden ver la misma influencia de Dick en El club de la lucha, pero en este caso las explicaciones habría que pedírselas a Chuck Palahniuk.

Cube (Vincenzo Natali, 1997, Canadá)

También Laberinto de muerte podría ser el punto de partida de la ópera prima de Vincenzo Natali, al ubicar a sus personajes en un espacio completamente irreal, sin saber la razón ni el propósito que les ha llevado allí de la misma manera que en la novela de Dick llegan todos sus personajes a un planeta sin saber cuál es su misión, como tampoco saben los protagonistas de Cube lo que hacen ni como han llegado a ese espacio ni lo que tienen que hacer para salir de él, más allá de sobrevivir..

Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997, España)

Hablando de eludir abonar los derechos de autor, Alejandro Amenábar parece haberse convertido en un experto absoluto. Ojo en el cielo, Los tres estigmas de Palmer Eldritch y sobre todo Ubix, son señaladas habitualmente como las obras de Philip K. Dick que el cineasta español fusila para la que fuera su segunda película, aunque teniendo en cuenta que para su primera película, Tesis (1996, España), parece calcar el esquema de cualquiera de los guiones de Joe Eszterhas, aludiendo particularmente al de Instinto básico (Basic Instinct, Paul Verhoeven, 1992, EE.UU.), lo que me lleva irremediablemente a Desafío Total (Total recall, Paul Verhoeven, 1990, EE.UU.), y al relato Podemos conseguirlo para usted al por mayor, evocando descarada y directamente a la película en algunas secuencias. Lo triste del caso es que luego van y sí le pagana a Amenábar los derechos para hacer un remake estadounidense de su refrito en Vanilla sky (Cameron Crowe, 2001, España & EE.UU.).

Pi, fe en el caos (Pi, Darren Aronofsky, 1998, EE.UU.)

El propio Darren Aronofsky admite que su ópera prima «conserva la tradición de (Rod) Serling —responsable de la serie En los límites de la realidad— y Philip K. Dick en la manera en que  trabaja las líneas que separan la paranoia, la locura y el genio». Y poco más hace falta explicar.

El show de Truman (The Truman Show, Peter Weir, 1998, EE.UU.)

No parecer ser Peter Weir exactamente el responsable de haber realizado una película que parece ciertamente una adaptación libre de Tiempo desarticulado, sino su guionista, Andrew Niccol, que ya advertí nos volveríamos a encontrar en este repaso por las adaptaciones no acreditadas de Philip K. Dick.

Dark city (Alex Proyas, 1998, EE.UU.)

Nuevamente Ubix, Ojo en el cielo y Los tres estigmas de Palmer Eldritch son los relatos que Alex Proyas, Lem Dobbs y David S. Goyer parecen exprimir para establecer la paranoica madeja por la que se mueve vertiginosamente el protagonista de la tercera película del que fuera el director de El cuervo (The crow, Alex Proyas, 1994, EE.UU.). No deja de ser curioso que su protagonista, Rufus Sewell, terminase siendo uno de los integrantes del reparto de la serie El hombre en el castillo, adaptación acreditada de la novela homónima. 

Soldier (Paul W.S. Anderson, 1998, Reino Unido)

Si ya en 12 monos revisara algunas de las premisas habituales de Philip K. Dick, su guionista, David Webb Peoples, recurre de nuevo al universo del escritor para construir un relato a la medida de Paul W.S. Anderson. Confirmando su descaro y desfachatez, Peoples llega incluso a declarar que Solider se desarrolla en el mismo universo que Blade Runner.

Nivel 13 (The thirteenth floor, Josef Rusnak, 1999, Alemania & EE.UU.)

Todos los que afirman que Matrix es un plagio de Dark city, quizás encuentren el puente perfecto entre una y otra en esta curiosa película de realidades virtuales y asesinatos corporativos que bebe exactamente de las misma fuentes, lo que no quiere decir en absoluto que sea una obra despreciable, siendo realmente una libre adaptación de Simulacron-3, del también novelista estadounidense Daniel F. Galouye, que había sido previamente adaptada por el mismísimo Rainer Werner Fassbinder a una miniserie de televisión, El mundo conectado (Welt am Draht, 1973, Alemania occidental).

eXistenZ (David Cronenberg, 1999, Francia, Canadá & Reino Unido)

Un servidor siempre ha considerad esta fascinante película de Cronenberg como una consecuencia natural de Videodrome, lo que nos lleva de nuevo a Los tres estigmas de Palmer Eldritch en un relato en el que ya no es la televisión lo que conduce al individuo, sino la realidad virtual con la que conectamos a través de nuestra espina dorsal para poner la existencia en pausa y evolucionar el mantra para pedir «muerte a la carne».

Matrix (The Matrix, Lana & Lilly Wachosvski —AKA Andy & Larry Wachowsk—, 1999, EE.UU.)

Que la realidad está alterada parecen saberlo bien las hermanas Wachowski, hermanos todavía cuando consiguen asombrar a los más incautos con una película que vuelve a recurrir a elementos de Ubix, Ojos en el cielo y Los tres estigmas de Palmer Eldritch para arrastrarnos por el ciberespacio mientras escapamos de las máquinas responsables de la realidad en la que nos dejan vivir. Lástima que para las secuelas no siguieran copiando al maestro, fracasando con sus propias ideas.

Memento (Christopher Nolan, 2000, EE.UU.)

Igual de tramposo que Amenábar o Cameron, Christopher Nolan es otro de esos autores que nunca ha creado nada realmente por sí mismo. Entre sus principales deudas creativas está la que tiene con Philip K. Dick, cuyas obsesiones están claramente detrás del periplo de un hombre aquejado de un problema de memoria que le impide recordar si es el responsable de la muerte de su mujer o si, por el contrario, está siendo víctima de algún tipo de manipulación para implicarle. Una vuelta de tuerca de un tema que Nolan ya había explorado de una manera ligeramente diferente en Followig (1998, Reino Unido), su primera película.

El sexto día (The sixth day, Roger Spottiswoode, 2000, EE.UU.)

No hace falta haber leído Morning patrol para percibir la influencia de Philip K. Dick en esta curiosa aventura de acción futurista que coge elementos de diferentes obras del visionario novelista para contar con el protagonista de Desafía total, Arnold Schwarzenegger, como máximo reclamo comercial.

Pitch Black (David Twohy, 2000, EE.UU.)

Las referencias son inevitables en la saga del caza recompensas interpretado por Vin Diesel, que si a propuesta de David Twohy su primera aventura reincide en los elementos propuestos por Laberinto de muerte, siguiendo claramente la huella de Alien, en su segundo episodio, Las crónicas de Riddick (The chronicles of RiddickDavid Twohy2004, EE.UU.), machaca sin contemplaciones la famosa y mítica novela de Frank Herbert: Dune. Sospechas perfectamente infundadas si tenemos en cuenta que un año después sería uno de los guionistas de Infiltrado.

Despertando a la vida (Waking life, Richard Linklater, 2001, EE.UU.)

Reincidente en el universo de Philip K. Dick sería también Richard Linklater, que después de comenzar Waking life aludiendo a Tiempo desarticulado, hace que sus personajes comenten Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, en medio de un relato en el que nuevamente se cuestiona la realidad al preguntarse si caminan sonámbulos a través de un estado de vigilia o despiertan para caminar a través de sus sueños, una realidad que a esta tan alterada como lo estaría después en A scaner darkly.

Donnie Darko (Richard Kelly, 2001, EE.UU.)

Realidad alterada y fantasía onírica vuelven a entremezclarse en el periplo del protagonista de esta críptica obra de un cineasta que habría explorado los espeluznantes resultado de experimentos con la teletransportación en el mediometraje Materia visceral (Visceral matter,  1997, EE.UU.).

Cypher (Vincenzo Natali, 2002, Canadá)

Casi resulta inevitable acordarse de Podemos recordarlo por usted al por mayor en esta película de Natali en la que un contable sin trabajo y atrapado en un matrimonio con los sentimientos gastados, lo que le lleva a aceptar un trabajo como espía industrial que viene de la mano de una nueva identidad que le hace sentirse como una nueva persona… hasta que la cosa se le complica y lo que creía que era de una manera resulta ser de otra.

Equilibrium (Kurt Wimmer, 2002, EE.UU.g)

Después de ocuparse de la adaptación de una novela de Michael Crichton al cine en Esfera (Sphere, Barry Levinson, 1998, EE.UU.), y antes de ser uno de los guionistas que se encargan de deformar Desafío total (Total recall,Len Wiseman, Canadá & EE.UU.), Kurt Wimmer nos sitúa en un futuro distópico a mitad de camino entre el universo de Ray Bradbury y el de Philip K. Dick, en el que los sentimientos están prohibidos y se neutralizan con el uso de una droga.

El ladrón de orquídeas (Adaptation, Spike Jonze, 2002, EE.UU.)

El laberinto de ficción y realidad por el que discurren los personajes de El ladrón de orquídeas evidencia su deuda con Philip K. Dick en el momento en que su propio guionista, Charlie Kaufman, se convierte en el protagonista de la película, que supone una secuela indirecta de la ya de por sí psicotrópica, Cómo ser John Malkovich (Being John Malkovich, Spike Jonze, 1999, EE.UU.). Para complicar las cosas, Kaufman se desdobla en un ficticio hermano gemelo que le obliga a plantearse dudas artísticas y existenciales mientras trata de encontrar la inspiración para la adaptación de un libro sobre orquídeas que mezcla con la realidad de su autora, en una espiral en la que la ficción y la realidad se mezclan vertiginosamente.

Código 46 (Code 46, Michael Winterbottom, 2003, Reino Unido)

Un año después de protagonizar Minority report, Samantha Morton vuelve de manera indirecta al universo del visionario escritor a través de este fabuloso relato que vuelve a remitirnos a Morning patrol, en un mundo distópico en el que los recuerdos pueden ser borrados y los peligros predecirse.

El bosque (The village, M. Night Shyamalan, 2004, EE.UU.)

No te preocupes si, como un servidor, encontraste interesante una película de el que es uno de los grandes blouf del cine contemporáneo, consecuencia de percibir las huellas, nuevamente, de Tiempo desarticulado, como no podría ser de otra manera.

Olvídate de mi (Eternal sunshone of the spotless mind, Michel Gondry, 2004, EE.UU.)

Mucho antes de que fuera vinculado con la adaptación de Ubix, que no parece que vaya a llegar nunca, Michel Gondry nos regala esta deliciosa joya en la que sus personajes pretenden borrar sus recuerdos para no tener que enfrentarse a la decepción de un fracaso sentimental, alterando de esta manera su propia realidad y perderse en un laberinto de recuerdos y deseos frustrados que les aboca a terminar en el punto inicial. Sería como el reverso de Podemos recordarlo por usted al por mayor, que surge de la extraordinaria pluma de Charlie Kaufman, quien ya se habría encargado previamente de una adaptación de A scanner darkly que no sería definitivamente utilizada por Linklater una vez toma las riendas del proyecto.

Southland tales (Richard Kelly, 2006, Francia Alemania & EE.UU.)

Richard Kelly vuelve a explorar los laberintos de la mente y la realidad virtual en este paranoico relato que salpica con elementos de El hombre en el castillo y Fluyan mis lágrimas, dijo el policía. Lo de La caja (The box, 2009, EE.UU.) ya sería una cosa diferente, aunque no menos fascinante.

Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010, Reino Unido & EE.UU.)

Independientemente de que sea una versión en imagen «real» de Paprika (Satoshi Kon, 2006, Japón), la máquina de inseminar sueños de Christopher Nolan no sólo nos remite a aquella máquina de borrar recuerdos de Olvídate de mi, sino que su final abierto y la incapacidad de su protagonista para discernir si está en un sueño o en la realidad, nos remite de nuevo al universo de Philip K. Dick.

In time (Andrew Niccol, 2011, EE.UU.)

Muy interesante es el planteamiento de Niccol, al mostrarnos una sociedad en la que los ricos viven cuanto quieren y los pobres tienen que ganárselo día a día en una sociedad en el que la moneda de cambio es, precisamente, el tiempo. Pero en lugar de profundizar en su premisa el cineasta prefiere ofrecer una aventura cibernética que un crítico definía como «Philip K. Dick para cabezas de chorlito».

Eva (Kike Maíllo, 2011, Francia & España)

El legado de Isaac Asimov parece encontrarse con el de Philip K. Dick en la ópera prima de Kike Maíllo, que se desarrolla en un futuro en el que los seres humanos están tan acostumbrados a vivir con robots, que casi no saben reconocerlos.

Código fuente (Source code, Duncan Jones, 2011, Canadá & EE.UU.)

Jake Gyllenhaal se vuelve a meter en la piel de un personaje que sabe con certeza si está vivo o muerto, un veterano de guerra de Afganistán que no sabe muy bien dónde se encuentra ni si está vivo o muerto, condenado a revivir una y otra vez 8 angustiosos minutos hasta dilucidar la manera de evitar un atentado terrorista en el que fuera el segundo largometraje de Duncan Jones.

Looper (Rian Johnson, 2012, China & EE.UU.)

El propio Rian Johnson reconoce en una entrevista que 10 años antes del estreno de Looper, «leía mucho de Philip K. Dick y estaba tan inmerso en sus libros que me metí en la idea de una mafia del futuro como una forma de establecer esta situación de un asesino que se enfrenta a su futuro yo», en lo que perfectamente está en la línea de El mundo de Jon, que para eso en su presentación en Comic-Con recurre a Terminator para explicar de manera sencilla el argumento de su película. Rizando el rizo de las alusiones indirectas, recurre a Burce Willis para que protagonice su segunda aventura temporal después de Doce monos,  en un película mucho más compleja psicológicamente que otras aventuras temporales.

Teorema Zero (The zero theorem, Terry Gilliam, 2013, Reino Unido, Francia, Rumanía & EE.UU.)

En la que parece una perfecta evolución de Brazil, Terry Gilliam se zambulle una vez más y con más fuerza que nunca en un universo copado de alusiones a las señas de identidad de la obra de Philip K. Dick en el que todo gira a la imperiosa necesidad de su protagonista de descubrir el sentido de la vida en su película más mística y religiosa, aunque le falte un poco de la garra de sus obras previas.

Eternal (Self/Less, Tarsem Singh, 2015, EE.UU.)

Responsables de la inquietante Los últimos días (Álex & David Pastor, 2013, España), los Pastor dan el salto al cine internacional con el guion de esta película de Tarsem Sighn en la que los recuerdos de dos personas combaten por dominar un mismo cuerpo, habilitado para que el huésped tenga una segunda vida.

Creative control (Benjamin Dickinson, 2015, EE.UU.)

Inevitable resulta remitirnos a Philip K. Dick en este interesante relato de Benjamin Dickinson en el que unos individuos están alienados por la tecnología mientras que otros buscan encontrarse a sí mismos explorando su lado más espiritual.

Mr. Robot (Sam Smeil, 2015, EE.UU.)

La identidad, la esquizofrenia, la dificultad para sintonizar con la realidad y la relación de los humanos con la tecnología son los principales temas de la serie de Sam Smeil, suficientes para convertirla en otra obra audiovisual deudora del fabuloso y fascinante legado de Philip K. Dick, como queda atestiguado en el momento en que uno de sus personajes se llama Tyrell.

Deliberadamente dejo fuera de esta lista las películas de David Lynch, que sí he encontrado en artículos similares, haciendo referencia, principalmente a Mulholland Drive. Es cierto que Lynch comparte señas de identidad con Dick, pero mientras los personajes del escritor nunca saben quienes son ni dónde están, es el espectador quien no sabe quienes son o dónde están los personajes del cineasta. Otra cosa es que directores —que no cineastas— como Nolan, Fincher o Amenábar recurran a las premisas de Philip K. Dick para vestirlas con las de David Lynch, lo que los convierte sus obras en plagios tanto en su fondo como en su forma, lo cuál me parece de juzgado de guardia.

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