Steve Carrell, Bryan Cranston y Laurence Fishburne en La última bandera (Last flag flying, Richard Linklater, 2017, EE.UU.)

«La última bandera»: el patriotismo crítico

Cartel de La última bandera (Last flag flying, Richard Linklater, 2017, EE.UU.)Título original: Last flag flying
Año: 2017
País: EE.UU.
Dirección: Richard Linklater
Guion: Richard Linklater & Darryl Ponicsan, basado en una novela de Darryl Ponicsan
Producción: Richard Linklater, Ginger Sledge & John Sloss
Cinematografía: Shane F. Kelly
Montaje: Sandra Adair
Música: Graham Reynolds
Diseño de producción: Bruce Curtis
Dirección artística: Gregoryu A. Weimerskirch
Decorados: Beauchamp Fontaine
Vestuario: Kari Perkins
Reparto: Bryan Cranston, Laurence Fishburne, Steve Carrell, J. Quinton Johnson, Deanna Reed-Foster, Yul Vazquez, Graham Wolfe, Jeff Monahan, Dontez James, Tammy Tsai, Richard Barlow, Cathy O’Dell, Jane Mowder, Richard Robichaux, Jerry Lee Tucker, Marc Moore, Kate Easton, Cicely Tyson, Sarah Silk,  Ted Watts Jr., Lee Harrington, Samuel Davis…
Distribución en España: Vertigo Films España

«No era el tiempo adecuado», afirma Richard Linklater de su intento de llevar al cine la adaptación de la novela de Darryl Ponicsan hace poco más de una década. Curioso, cuanto menos, cuando piensa que debe ser el tiempo adecuado hoy en día, incumpliendo claramente las cuotas por las que parece regirse el cine y dado lo impopular que puede resultar una obra que, si ser necesariamente patriótica, hace de la bandera un símbolo. Ni cumple el dichoso test de Bechdel, ni incluye personaje alguno del colectivo LGBT; si bien incluye personajes afroamericanos y latinoamericanos, se olvida de que existen los asiáticos o los nativos americanos; haciendo gala uno de sus tres protagonistas de una actitud tan políticamente correcta que es posible que fuera encarcelado si estuviera en España, de hecho algún que otro problema le causa en su pueblo.

Resulta que a veces lee uno ciertos artículos en los que se destruye a un cineasta porque UNA de sus películas no cumple alguna de estas cuotas, lo que no impiden que tengan más de una que las cumplen en otras sin ningún problema, como es el caso de Linklater, como tampoco tiene que demostrar nada en su vida personal (lo que en cualquier caso tampoco importa para valorar cualquiera de sus obras). Es el problema de nuestra generación, que se ha acostumbrado tanto a buscar el hashtag que está de actualidad, que se olvida de que puede hablar de lo que a uno realmente le interesa, siendo lo más importante la manera en que se expresa esta idea. Es más, si en lugar de en los Estados Unidos sucediera en España, poco habrían tardado muchas voces en señalar al cineasta de Texas como un facha insensible.

Por mucho que pueda funcionar como una secuela de El último deber (The last detail, Hal Ashby, 1973, EE.UU.), no lo es realmente, siendo únicamente una adaptación de la que sí fuera secuela literaria de la novela en la que se basaba su precedente, encontrándonos además con guiño inevitable a Apocalypse Now (Francis Frod Coppola, 1979, EE.UU.), por aquello de la presencia de Laurence Fishburne, precisamente el único actor que Linklater tenía en mente cuando trabajaba en el guion. A un servidor poco le importa o le interesa, a priori, lo que les pueda pasar a tres pavos que desperdiciaron su tiempo en una guerra, haciendo de paso la vida imposible a quienes le rodeaban gracias a su inmadurez y fastidiando al menos cafre de ellos hasta el punto de defenestrar su hoja de servicios y manchar un honor que queda en entredicho de por vida. Así son las cosas de palacio.

Pero lo que importa en La última bandera, no es ni el conflicto ni sus personajes, sino entender lo que a ellos les motiva y por qué ese conflicto es tan importante para ellos. Un objetivo que Linklater logra sin esfuerzo y gracias, en gran medida, a la aportación del trío de protagonistas que consigue introducir de manera natural el humor en un drama, que parece poca cosa, así como proporcionar a los personajes de la suficiente empatía como para que entendamos por qué cada uno responde de distinta manera ante el mismo estímulo. A través de una trama sencilla, pero contundente, descubrimos la manera en la que de una vez por todas entiendan ellos que los principios pueden funcionar con uno mismo, pero no necesariamente con todas las demás personas, de la misma manera que a uno no le importa lo que, a priori, les pueda pasar a estos personajes, pero acaba emocionándose con ellos, aunque no sean mujeres, aunque no sean homosexuales, aunque no sean independentistas, incluso aunque estuvieran encantados de irse a una guerra y volvieran más o menos ilesos.

 

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