Bruce Willis es Paul Kersey en El justiciero (Death wish, Eli Roth, 2018, EE.UU.)

«El justiciero»: el inoportuno remake que llega a destiempo

Cartel de El justiciero (Death wish, Eli Roth, 2018, EE.UU.)Título original: Death wish
Año: 2018
País: EE.UU.
Dirección: Eli Roth
Guion: Joe Carnahan, basado en un guion de Wendell Mayes, adaptación de un novela de Brian Garfield
Producción: Roger Birnbaum
Cinematógrafo: Rogier Stoffers
Montaje: Mark Goldblatt & Yvonne Valdez
Música: Ludwig Göransson
Diseño de producción: Paul Kirby
Dirección artística: Veronique Meunier
Decorados: Ann Smart
Vestuario: Mary Jane Fort
Reparto: Bruce Willis, Vincent D’Onofrio, Elisabeth Shue, Camila Morrone, Dean Morris, Beau Knapp, Kimberly Elise, Len Cariou, Jack Kesy, Ronnie Gene Blevins, Kirby Bliss Blanton, Andreas Apergis, Ian Matthews, Wendy Crewson, Warona Setshwaelo, Stephanie Janusauskas, Isaiah Gero-Marsman, Jason Cavalier, Luis Oliva, Kwasi Songui, Alan Azuelos, Dawn Ford, Moe Jeudy-Lamour, Kaniehtiio Horn, Christopher Tyson, Lee Villeneuve, Jonathan Bergeron, Rolandia Okoudjou, Kenny Wong, Alvin Powell, Goûchy Boy, Jodie Resther, Lydia Zadel, Yardly Kavanagh, Audrey D. Laroche, Robert Harrison, Juliette Bouwmans, Aldo Lopez, Anoulith Sintharaphone, Robert Ozores, Stephen MnHattie, Minita Gandhi, Robin Robinson, Bob Sirott, Alexa Hartfield, William Gines, Enrique Guzman, Austin Kairis, Richard Esteras, Jaslene Gonzalez, Kevin Sorensen, Penande Estime, Alain Chanoine, Mike Chute, Sébastien Peres, Naomi Frenette…
Distribución en España: Filmax

Es cierto que un cineasta no necesita ninguna excusa para volver a hacer una película. Habitualmente basta con que haya sido un éxito de taquilla para que un estudio de luz verde a un proyecto de este tipo. Pero, como espectador, un servidor espera que la nueva versión aporte algo sobre la previa o que, al menos, justifique los motivos por los que es apropiado el momento actual para recuperar ese relato. Eli Roth y Joe Carnahan superan todas las expectativas ofreciendo una película innecesaria en este momento a la que no sólo no aportan nada, sino que restan con respecto a su precedente, perdiendo por el camino sus propias señas de identidad: el morbo y la violencia que podrían haber justificado, no ya su mensaje, sino el interés por ver su propuesta.

No acostumbro a hablar de un cineasta en función de lo que defiende su obra, dado que entiendo que habitualmente aprovecha un contexto y unos personajes para especular sobre una idea, pero en el caso de El justiciero (de este justiciero, que no del previo), Roth y Carnahan parecen estar hablando de sí mismos cuando defienden, no ya el derecho a llevar armas de fuego, sino el de una persona a proteger a su familia. ¿Perdón, he dicho una persona? Me estaba refiriendo a un hombre, en el sentido más neandertal del término, cuya función de cara a la sociedad no parece ser otra que proteger a sus hembras, en el sentido más pandillero del concepto. ¿Es posible que quizás en este contexto sea efectivamente apropiado mostrar a una familia como si fuera una pandilla, a pesar de que su macho sea un cirujano y sea blanco? Claro que me da la impresión de que ni Roth ni Carnahan son conscientes del largo y arduo proceso por el que una persona, ya sea hombre o mujer, caucásica o afroamericana, llega a convertirse en cirujano.

El problema no es que una persona pueda llegar a tomarse la justicia por su mano, es que Roth y Carnahan no hayan sabido desarrollar un relato que justifique tal transformación en su protagonista, ni aunque lo haya interpretado Bruce Willis, que ya fuera cirujano en La muerte os sienta tan bien (Death becomes her, Robert Zemeckis, 19924, EE.UU.), lo que me lleva a preguntarme los motivos que les han llevado a rescatar el vestuario de El protegido (Unbreakable, M. Night Shyamalan, 2000, EE.UU.). Soy consciente de que todos estos no deben ser los mejores argumentos para arremeter contra una propuesta cinematográfica, pero también es cierto que la película en sí misma es tan tramposa que no merece la pena ni entrar a calificar que sea más conservadora, reaccionaria y machista que su predecesora, además de torpe y soporífera, que es lo que en realidad más me molesta.

En un país en el que son tristemente habituales los tiroteos en las escuelas y en el que ser afroamericano te pone en riesgo de muerte, particularmente si vas desarmado y te encuentras con un policía por la calle, no parece ser ciertamente el momento oportuno para estrenar una película como El justiciero, independientemente de que Chicago sea la ciudad más violenta de los Estados Unidos. Pero es que estamos hablando de un país cuyo presidente sigue defendiendo la infame Asociación Nacional del Rifle y el derecho a los ciudadanos a llevar armas de fuego. ¿Es posible que no me haya enterado de nada y Roth y Carnahan estén tratando de agitar a las masas para que se rebelen contra el orden establecido? No. Es imposible que estos cretinos tengan la capacidad ni de utilizar la ironía o el sarcasmo para conseguir nada que no sea dispararse a sí mismos porque pensaban que el arma estaba descargada.

 

 

 

 

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