Tye Sheridan es Parzival y Wade en Ready Player One (Steven Spielberg, 2018, EE.UU.)

«Ready Player One»: la aventura virtual a la que te gustaría poder realmente jugar

Cartel de Ready Player One (Spielberg, 2018, EE.UU.)Año: 2018
País. EE.UU.
Dirección: Steven Spielberg
Guion: Zak Penn & Ernest Cline, basado en una novela de Ernest Cline
Producción: Donald De Line, Dan Farah, Kristie Macosko Krieger & Steven Spielberg
Cinematografía: Janusz Kaminski
Montaje. Sarah Broshar & Michael Kahn
Música: Alan Silvestri
Diseño de producción: Adam Stockhausen
Dirección artística: Guy Bradley, Gavin Fitch, Claire Fleming, Stuart Rose, Mark Scruton & Remo Tozzi
Decorados: Anna Pinnock
Vestuario: Kasia Walicka-Maimone
Reparto: Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Lena waithe, T.J: Miller, Simon Pegg, Mark Rylance, Philip Zhao, Win Morisaki, Hannah John-Kamen, Ralph Ineson, SUsan Lynch, Clare Higgins, Laurence Spellman, Perdita Weeks, Joel MacCOrmack, Kit Connor, Leo Heller, Antonio Mattera, Ronke Adekoluejo, William Gross, Gareth Mason, Sandra Dickinsin, Lynne WIllmot, Jayden Fowora-Knight, Gavin Marshall, Mark Stanley, Emily Beacock, Rosanna Beacock, Gem Refoufi, Jane Leaney, Elliot Barnes-Worrell, Asan N’Jie, Robert Gilbert, Stephen Mitchell, Letita Wright, Kae Alexander, Josh Jefferies, Avye Leventis, Dean Street, Michael Wildman, Turlough Convery, Joe Hurst, Eric Sigmundsson, James Druden, Danielle Phillips, Rona Morison, Khalil Madovi, Bruce Lester-Johnson, Tom Turner, Paul Barnhill, Isaac Andrews, Maeve Bluebell Wells, Naana Agyei Ampadu, Donovan Blackwood, Neet Mohan, Georgie Farmer, Kathryn Wilder, Sid Sagar, David Forman, Ian Davies, Lulu Wilson, Adolfo Alvarez, Alonso Alvarez, Jadah Marie, Dallas Young, Mckenna Grace, Arianna Jaffier, Armani Jackson, Britain Dalton, Jacob Bertrand, Daniel Zolghadri, Sydney Brower, Cara Pifko, Vic Chao, Cara Theobold…

Hace mucho tiempo que se me cayeron los mitos. Pocos cineastas han conseguido mantenerse fieles a sí mismos a lo largo de los años. Desconozco si el problema es que se hacen mayores y pierden progresivamente el interés por aquellos aspectos por los que nos cautivaron en un principio o porque su nuevo estatus dentro de la «industria» cinematográfica les obliga a abordar otro tipo de proyectos, algo que les ha sucedido a la gran mayoría de los directores de los denominados cineastas del nuevo Hollywood (a excepción de Francis Ford Coppola que en la última etapa de su trayectoria a vuelto renovado y libre de ataduras a sus inicios). Claro que también es posible que sea un servidor quien se ha hecho mayor o no ha sabido adaptarse a las exigencias artísticas de los nuevos tiempos. Por supuesto. Me consta que las nuevas generaciones no viven con expectación cada nuevo estreno de Steven Spielberg, pero a pesar de su síndrome de Peter Pan y de que considero que le ha sucedido un poco de ambas cosas, alejándose tanto de sus inquietudes iniciales o abordándolas de una manera más cautelosa que antaño, precisamente por haber tomado conciencia de una madurez que podríamos discutir largo y tendido sobre si le ha perjudicado o beneficiado, pero que un servidor siempre ha relacionado con su entorno familiar. Pero ser el autor de películas como Encuentros en la tercera fase (Close encounters of the third kind, 1977, EE.UU.) o E.T.: el extraterrestre (E.T.: the extra-terrestrial, 1982, EE.UU.), y estar detrás de otras como Poltergeist (Tobe Hooper, 1982, EE.UU.), Gremlins (Joe Dante, 1984, EE.UU.) o Regreso al futuro (Back to the future, Robert Zemeckis, 1985, EE.UU.)pesa demasiado en la memoria emocional como para no estar atención a cada uno de sus nuevos estrenos. Mucho más cuando se trata de la adaptación de una novela de Ernest Cline que gira en torno al universo del videojuego y rinde declarado tributo al cineasta de Cincinnati.

Independientemente de que seamos conscientes de que no estamos viendo ninguna obra demasiado original en su planteamiento —sigue al dedillo el esquema del famoso relato de Roal Dahl, Charlie y la fábrica de chocolate, de ahí que inicialmente ofrecieran un papel a Gene Wilder, antes de que falleciera—, que se desarrolla de manera bastante previsible —en parte por pereza de su guionista, Zack Penn, que rescata giros del que fuera su primer trabajo, El último gran héroe (Last action hero, John McTiernan, 1993, EE.UU.), ya de por sí cargada de referencias—, que sus personajes carezcan de una mínima profundidad psicológica —por mucho que siga una estratégica propuesta inclusiva tanto en lo que se refiere al género y la raza como en lo que respecta a la sexualidad, si tenemos en cuenta que la elección de Lena Whaite te permite incluir que un personaje sea homosexual, aunque nunca llegue ni a mencionarse su orientación sexual—, y que incluso a algunos actores parezca que van más disfrazados que caracterizados, lo cierto es que Ready Player One es toda una experiencia rebosante de ritmo y cargada de energía a lo largo de un metraje que aunque supere las dos horas parece terminar antes de tiempo porque se te hace hasta corta. Una aventura que intuyo se puede disfrutar tanto si pillas las mil y una referencias que contiene como si no has visto Tron (Steven Lisberger, 1982, EE.UU.), Akira (Katsuhiro Ôtomo, 1988, Japón) o El gigante de hierro (The iron giant, Brad Bird, 1999, EE.UU.), por ejemplo, siendo absolutamente impagables secuencias como la de El resplandor (The shining, Stanley Kubrick, 1980, Reino Unido & EE.UU.) e integrando perfectamente las de animación con las de imagen real.

Dicho esto, me van a permitir que resalte el mal regustillo que deja el final, no tanto porque de repente la película se convierta en un telefilme familiar de sobremesa, que es lo de menos, sino por las contradicciones de una conclusión que teniendo muy buenas intenciones, no sé hasta que punto desvelan ese lado excesivamente responsable de su director, por no decir reaccinario. Me explico. Cuando en Proyecto Brainstorm (Brainstorm, Douglas Trumbull, 1983, EE.UU.) advierten sobre los peligros de la realidad virtual, lo hacen a través de las consecuencias de la perversión de su abuso, algo que no llega a mostrarse en Ready Player One, por mucho que pueda suceder en la vida real, lo cual también estaría por ver porque recuerdo que alertaran de algo parecido cuando la moda de Second Life, que finalmente quedó en nada. Da la impresión de que quisieran compensar de alguna manera el haber hecho una película centrada en los videojuegos, advirtiendo sobe su exceso a geeks y freaks, pero haciéndolo de una manera demasiado torpe, como cuando prohibes el uso del móvil a un menor de edad. Quizás el problema es que (y esto es una impresión pura y dura), Spielberg se parece más a Nolan Sorrento (Ben Meldensohn) que a ningún otro de los personajes de la película en el sentido en que no me lo imagino jugando a ningún videojuego, lo que explicaría esa antipática e impostada moraleja final.

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