Los hambrientos

El drama de tener que matar a tus seres queridos cuando se convierten en «Los hambrientos»

Cartel de Los hambrientos (Les affamés, Robin Aubert, 2016, Canadá)Título original: Les affamés
Año: 2017
País: Canadá
Dirección: Robin Aubert
Guion: Robin Aubert
Producción: Stéphanie Morissette
Cinematografía: Steeve Desrosiers
Montaje: Francis Cloutier
Música: Pierre-Philippe Côté
Diseño de producción: André-Line Beauparlant
Dirección artística: André-Line Beauparlant & Philippe Lord
Vestuario: Julie Charland
Reparto: Marc-André Grondon, Monia Chokri, Charlotte St-Martin, Micheline Lanctôt, Marie-Ginette Guay, Brigitte Poupart, Édouard Tremblay-Grenier, Luc Proulx, Didier Lucien, Robert Brouillette, Martin Héroux, Patrick Hivon…
Distribución en España: La Aventura Audiovisual

A pesar de que ya sean muchas las obras que presentan a los zombis como víctimas de algún tipo de infección de incierta procedencia, la tradición cinematográfica los presenta como un terrible enemigo a batir al ser su principal objetivo el de la ingesta de carne humana. Si lo pensamos, no es muy diferente a cómo se trata a las personas con problemas mentales, a quienes se margina habitualmente, o, en el peor de los casos, se les recluye en alguna institución que los mantega tranquilos y controlados, como si en lugar de estar enfermos también fueran víctima de alguna infección de incierta procedencia. Tan sólo quienes han tratado en primera personas con personas bipolares, esquizofrénicas, neuróticas o, simplemente, deprimidas, desarrollan una empatía que les permite verlas como personas enfermas, demonizadas tradicionalmente por el cine de terror, como también lo fueran los zombis, a pesar incluso de que en su primera aparición en la pantalla, La legión de los hombres sin alma (White Zombie, Victor Halperin, 1932, EE.UU.), se aclarara que son víctimas de quienes pretenden convertirles en esclavos. Lo que Robin Aubert propone es precisamente lo contrario. No tanto presentar a los hambrientos como víctimas, pero sí quizás que son los humanos los peores depredadores contra sí mismos… ante el pánico a encontrarse con un infectado, que les lleva a desconfiar unos de otros, lo que quizás no es una perversión de lo que ya sucede en la actualidad sin necesidad de ninguna amenaza.

Que no se trate de una típica película de terror no quiere decir que Los hambrientos no tenga secuencias terroríficas, pero lo cierto es que está más cerca de un drama, cargado de humor negro, pero un drama al fin y al cabo, en el que especula sobre una humanidad que ya se comporta como zombis sin la necesidad de estar infestada. Por un lado están quienes se dedican a cazarlos por diversión, no porque se sientan amenazados o les estén rondado, sino que van a buscarlos como si fuera un deporte, mientras que por otro lado están quienes quedan traumatizados por haber tenido que asesinar a sus seres queridos una vez son infectados. Esa aproximación visual radicalmente naturalista confiere al relato de un tono marcadamente poético, casi místico a tenor de esa peculiar devoción de los infectados sienten por los objetos cotidianos de su vida pasada, por esos muebles y utensilios que parecen adorar en enormes piras, como si se tratara de una deidad ante la que permanecen impasibles… hasta que son interrumpidos.

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