The miseducaton of Cameron Post (Desiree Akhavan, 2018, EE.UU.)

«The miseducation of Cameron Post»: una terapia de conversión demasiado poco agresiva

Cartel de The miseducaton of Cameron Post (Desiree Akhavan, 2018, EE.UU.)Título orignal: The miseducaton of Cameron Post
Año: 2018
País: EE.UU.
Dirección: Desiree Akhavan
Guion: Desiree Akhavan & Cecilia Frugiuele, basado en una novela de Emily M. Danforth
Producción: Michael B. Clark, Cecilia Grugiuele, Jonathan Montepare & Alex Turtletaub
Cinematografía: Ashley Connor
Montaje: Sara Shaw
Música: Julian Wass
Diseño de producción: Markus Kirschner
Dirección artística: Tori Lancaster
Decorados: John Arnos & Erin Blake
Vestuario: Stacey Berman
Reparto: Chloë Grace Moretz, Steven Hauck, Quinn Shephard, Kerry Butler, Dalton Harrod, McCabe Slye, Dale Soules, Sasha Lane, Johhn Gallager Jr., Emily Skeggs, Marin Ireland, Forrest Goodluck, Melanie Ehrlich, Owen Campbell, Christopher Dylan White, Isaac Jin Solstein, Jennifer Ehle, Andre B. Blake, Nicholas Covell, Cerrone May, Joshua Thomas, Shelby L Collete, Francesca Noel, Jack Dorado, Peter Heller, Christina Karabiyik, Chloe Roe, Joyce Hausermann, Seamus Boyle, Niko Rodriguez, Billy Brannigan, Anthony Krueger, Paul Addison Evans Jr…

Hay temas que generan demasiadas expectativas en el espectador, como las terapias de conversión, luego es posible que sea esa la razón por la que salgo un tanto defraudado de la proyección de The miseducation of Cameron Post, Gran Premio del Jurado en Sundance para el segundo largometraje de su directora, Desiree Akhavan, que ya consiguiera el premio al mejor guion en LesGaiCineMad con su primera película, Appropiate Behaviour (2014, Reino Unido). El relato sigue el periplo de una adolescente después de ser sorprendida por su novio con su amante, su mejor amiga, siendo coaccionada por su familia para ser internada en un campamento donde se aplican las terapias de conversión. Un planteamiento que promete emociones fuertes, pero si su mensaje queda perfectamente claro, es solo porque se expresa verbalmente, no precisamente porque sea transmitido por el desarrollo de la acción.

Tiene sus buenos momentos, indudablemente, así como reflexiones de lo más oportunas, pero da la impresión de que le falta un pequeño toque de contundencia, sobre todo si tenemos en cuenta que este tipo de terapias fraudulentas se siguen aplicando hoy en día. En España, sin ir más lejos, se anunciaban hace dos años sin que haya habido ninguna consecuencia al respecto. La película peca de ser un poco autocomplaciente si tenemos en cuenta que a veces parecen más convincentes los argumentos de esa «villana de Disney» (Jennifer Ehle) que los de sus indefensas cobayas —cierto es que tengo en mente la magnifico relato que contra las terapias del Opus Dei desarrollara Javier Fesser en Camino (2008, España)—. Para colmo, la película sí resulta francamente parca desde un punto de vista artístico, dando la impresión de que su directora sabe lo que quiere contar, pero no tiene muy claro cómo hacerlo, de ahí la debilidad de su puesta en escena repercuta en ese carácter tan blando del relato.

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